Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
MIS ARREOS SON LAS ARMAS,

11/05/2016.

MI DESCANSO EL PELEAR . . . «En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo;y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero»:

Frente a la realidad paisana, frente al paisaje conocido, el caballero y el escudero enfrascados en sus locas andanzas, en su sensato arrebato por encontrar la explicación más acertada, inesperada más allá del recodo que les promete el camino.

En un intento de buscar la razón a tanto desasosiego, tras la aventura soñada.

“La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear”.

Desde la existencia del autor que no encuentra satisfacción a tanto denuedo, refugiado en Esquivias, tal vez o seguro que soñando las futuras andanzas del buen hidalgo, antes de volver a los caminos del sur de España.

 

“Porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o poco más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas”.

 

Porque no parecían molinos, porque don Quijote no contemplaba mansos molinos de viento, cansinos y viejos, de molienda machacona, de fatigosa monotonía, rala y monocorde, porque ¿eran o no eran molinos?, que ¿eran o no eran desaforados gigantes?.

 

“Mire, vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento”.

 

Pero don Quijote ya estaba en el reto y en la batalla, por la hazaña a punto de acometer.

 

“Y así, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las voces que su escudero Sancho le daba”.

Y gritando, acometió:

 

“Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete”.

“Y, en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese”.

 

Torre del Mar mayo – 2.016

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