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Opinión
I N M E M O R I A M
(Qué fácil es matar a una ecologista).

20/05/2016.

«Solo los que luchan toda la vida son los imprescindibles» En abril de 2.015 le fue concedido el «Goldman Enviromental Prize», el Nobel verde, a la ecologista hondureña Berta Cáceres: una gota minúscula en el océano del medio ambiente que se nos cae en pedazos, en medio de una contaminación galopante, atentos a la solemne autodestrucción de nuestro mundo, gracias a la complicidad silente y acobardada de quienes . . . miramos hacia otro lado. Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Ya entonces, Berta Cáceres sabía “que la muerte le pisaba los talones”. Lo repitió a todo el que quiso escucharlo. Su vida estaba amenazada.

Cáceres había movilizado a los indígenas hondureños en contra de la construcción de la mastodóntica presa de Agua Zarca, un proyecto hidroeléctrico que desecaría el río Gualcarque, sagrado para los indios. Las protestas tuvieron dimensión internacional y Berta plantó cara a “poderes que en Centroamérica tienen el gatillo fácil”.

Su compromiso con el sostenimiento del medio ambiente era insobornable.

Su lucha comenzaba a tener efectos concretos: “El Banco Mundial y la constructora pública china Sinohydro abandonaron la obra. Solo quedó al timón de la obra la compañía hondureña Desarrollos Energéticos (DESA) ”.

Pero Berta Cáceres ya tenía una diana en la frente.

Y al final se repitió la historia una y mil veces conocida.

Cáceres fue asesinada de dos tiros en su casa de La Esperanza, al oeste de Tegucigalpa.

Era tan terrorífico como previsible el final anunciado. Su asesinato fue ordenado por el gerente de DESA. Edilson Duarte, fue el que disparó contra la ecologista. Dos balazos del calibre 25. a cambio recibió 50.000 lempiras (2.200 dólares).

El país centroamericano vive en el abismo. Tiene una de las tasas de homicidios más altas del mundo, y al menos el 90% quedan impunes. En poco más de una década, 113 activistas medioambientales han sido asesinados.

Berta Cáceres no gozaba de protección.

12 días después otro compañero suyo, Nelson García caía abatido de dostiros en el rostro. Tenía 38 años.

En nuestro país, España, una central nuclear, Santa María de Garoña, obsoleta y prorrogada más allá de lo aconsejable y permitido ha dejado de funcionar porque la empresa energética Iberdrola ha desestimado su interés productivo. La lucha ecologista solo ha llegado a ser “folklórica”, absolutamente inofensiva.

El egoísmo nos hace tan ciegos como cobardes.



Torre del Mar mayo – 2.016 

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