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Dos hombres ligados al mar de por vida

28/05/2016.

Juan Haro López y Manuel Castro, pescadores de El Palo del desaparecido arte del sardinal. Sus vidas están ligadas al mar desde pequeños, como no podía ser de otra forma, habiendo nacido como ellos lo hicieron en la barriada malagueña de El Palo.

Manuel Castro y Juan Haro en la playa de El Palo. / J. M. A.

Manuel Castro y Juan Haro en la playa de El Palo. / J. M. A.

. Juan Haro López, 'el Moreno', de 87 años y Manuel Castro Jiménez, de 86 , son posiblemente los pescadores más veteranos que quedan en la barriada que vivieron la época de esplendor del sardinal. Un nombre que define a esa típica embarcación malagueña con velas ya desaparecida y al arte de pesca en sí, símbolos que han estado muy presentes en la vida marítima de Málaga. Pese a las vicisitudes vividas y al duro oficio que tuvieron en la mar, estos dos hombres recuerdan con detalle muchos de los pasajes de su vida.

Juan Haro recuerda desde la peña El Anzuelo, en las mismas entrañas de la barriada de El Palo, cómo fueron sus comienzos. "Estuve en la escuela del padre Ciganda, porque antes, al que cogían por la calle lo llevaban al colegio, pero solo estuve tres años. Cuando cumplí 14 años me sacaron los papeles para trabajar y dejé de ir a la escuela", relata.

"Mi estudio fue la pesca", dice orgulloso. "No hay nadie en El Palo que haya estado en la mar más tiempo que yo". Y es que dice que se embarcó muy joven, aunque antes pasó un triste episodio que asegura le marcó de por vida. Siendo niño vivió la trágica 'desbandá' que se produjo en Málaga durante la Guerra Civil con motivo de la entrada de las tropas nacionales a la ciudad y la huida de parte de la población hacia Granada por la carretera de la costa. "Eso no se me ha ido de la cabeza, la hambre que yo pasé, lloviendo, chupando la miilla de cañadú... Me moriré y no se me olvidará, porque fue una experiencia de niño espantosa", rememora emocionado. Por eso resalta que "a mi me da mucha pena cuando veo a los chiquillos ahora en esas guerras, porque como lo he vivido…". Y ofrece detalles de aquella triste experiencia. "Llegamos hasta Torrenueva, en Granada, porque mi madre no podía andar, ni podíamos andar ninguno. Y allí estuvimos cuarenta días hasta que nos dijeron que podíamos regresar. Pero andando, porque la Alsina solo llegaba hasta Nerja y además habían volado los caracolillos y había que esperar a que pusieran maderas y pudiéramos pasar".

 

 

 

De vuelta

Aquella experiencia le hizo más fuerte y al poco de regresar a El Palo, 'el Moreno' comenzó su periplo como un auténtico lobo de mar embarcándose sucesivamente en pesqueros de altura y navegando sin tregua. "Estuve en Canarias, en Senagal y en muchos sitios más. En barcos grandes, pescando al trasmallo y al palangre. Así un año tras otro", cuenta. Tanta actividad le curtió como marinero y de ello tomó buena nota. "Mi obsesión era conocer de donde salían esas redes tan buenas con las que pescábamos. Estuve un tiempo detrás de los pescadores canarios con los que embarcaba para que me lo dijeran, hasta que por fin conseguí dar con quien se las traía: era un japonés, así que le compré unas artes y me vine a Málaga con ellas". Con las artes que quería ya en su poder, que además dice las compró a buen precio -"aquí valía tres mil duros un paño y allí me costó tres mil y pico de pesetas"-, solo era cuestión de tiempo para disponer de una embarcación. "Junté dinero y una vez aquí, me compré un barco y ya no paré de pescar".

Y asi fue. La bahía de Málaga era ahora su escenario y el sardinal su embarcación y su arte de pesca para capturar boquerones y sardinas. Así hasta que en los años ochenta afirma que "se fueron todos de bandá a la construcción y me quedé en cuarentena". "Entonces tuve que seguir con el trasmallo para dar de comer a mis hijos, y a veces salía a la mar incluso solo", confiesa.

Los pescadores junto a la embarcación en la que pescaban boquerones y sardinas.

Los pescadores junto a la embarcación en la que pescaban boquerones y sardinas. / J. M. A.

 

 

 

Manuel Castro Jiménez, de 86 años, otro pescador veterano cuya vida discurre paralela a la de Juan, relata que en aquellos años había al menos noventa barcos de altura en Málaga cuya tripulación la formaban todos marineros malagueños. "Entonces estaban los barcos de Villalta e ibamos a Agadir y a Canarias y hacíamos muy buenas pesqueras. Cogíamos mero, aguja, marrajo…Ahora ya no queda nada", dice con nostalgia. Y es que este pescador, que también huyó hasta Barcelona durante la Guerra Civil, y que cuando se acabó la guerra regresó a Málaga, "donde a unos los metieron en la cárcel y a otros no", recuerda las pescas en el sardinal. "Para capturar las sardinas y boquerones ibamos hasta Torremolinos". Como ahora, la pesca de esas especies tan malagueñas siempre tuvo tirón. "Aquí vendíamos boquerones a los Aranda y también a La Lonja, que estaba aquí al lado y que era un bar que tenia un permiso de la Marina para vender pescado durante la noche". Una época en la que recuerda que "venían los colmeneros, como le llamábamos, desde el pueblo de Colmenar en mulos y caballos con capachos a comprar pescado y se volvian al interior".

Aunque a veces cuenta que se quedaban a dormir en El Palo, cansados de la caminata y regresaban al día siguiente. "Eran otros tiempos, y todo ha cambiado mucho, pero eso era así y lo hemos vivido tal y como se lo estamos contando".

El sardinal, esa embarcación que tanto luce en antiguas fotografías y pinturas con sus velas desplegadas, es un grato recuerdo para estos dos veteranos pescadores que no desean que quede varada en el olvido como la que aún se conserva en las playas del Palo. "Hemos tenido una vida ligada al mar y al sardinal y aquí seguimos para contárselo a nuestros nietos", dicen mientras posan junto a la embarcación en la playa del Palo en la que se ganaron el sustento para sacar adelante a sus familias

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