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Opinión
M A C H I S M O X I X
«Supervivientes sí, víctimas no».

01/06/2016.

No supo atender a las señales de alarma que la indicaban que aquella relación sentimental era un error. Estaba enamorada, muy enamorada, tanto que no supo o no quiso ver lo que era evidente. Estaba decidida a seguir adelante y confiaba que siempre podría ayudar a cambiarle . . . en esos pequeños debates. Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

En plena nube de amor, al menos para quienes contemplábamos desde afuera, la pareja se afianzó, inició una vida en común y al poco tiempo ella quedó embarazada. ¡Tenía tantas ganas!

Todo parecía ir perfecto. Se mostraban ambos encandilados, pendientes la una del otro y al revés, o eso quisimos ver todos. Incluso llegamos a pensar que nos habíamos equivocado.

Al fin llegó la pequeña, el retoño, el milagro de la vida parida desde el empeño y el amor hecho fuerza de la madre, y ante las mejores expectativas de felicidad en común, concordia, entrega mutua, respeto y en definitiva amor generoso, pero todo . . . ¡se truncó!, tras el alumbramiento, a las pocas semanas o incluso días, sin pretexto que merezca la pena ser buscado, y la convivencia se hizo insoportable, invivible, dañina y maltratadora, alienante.

Tras el hundimiento anímico la pura supervivencia llamó a las puertas de la mujer, de la madre que no entendía nada, que sufría endiabladamente . . .soledad, desamparo, menosprecio . . . y decidió separarse, divorciarse, escapar del infierno, con el paoyo de su familia, por cierto, al 100%.

Y lo logró, afortunadamente lo logró. Tal vez tuvo la suerte en su caso y de su parte porque la otra parte también quería romper lo que jamás deseó o imaginó . . .que fuera a ser como él no quería o no podía soportarlo, afrontarlo, porque la vida soñada echó a andar a ras de suelo . . .

Ha pasado un tiempo y el fruto de ese amor que creyó serlo . . . es una niña vivaz, un bebecito como de algodón de nata, una vida propia, independiente que se abre paso . . .entre los cuidados de la madre y las visitas del padre.

Pero la sombra de la decepción, de la amargura, del desencuentro y del sufrimiento aún no superados planea . . .sobre la madre, sobre la mujer . . . que aún no ha sido capaz de superar, por ejemplo, que su pequeña acuda reglamentariamente con su padre y regrese como ella ¿no lo toleraría?, . . .con el pañal sucio porque no ha sido cambiado a lo largo de todo el día, con el culito irritado en consecuencia, con ronquera y catarro, un día y otro también, sin poder atender las comidas, el ritmo, los horarios . . .a los que la madre tiene acostumbrada a su hija en una crianza entregada a hacerlo lo mejor posible, a expensas de otros criterios distintos a los de la madre . . .

Y no puede evitar el disgusto correspondiente, la rabia, el desánimo. . .

Y olvida que, después de todo, su vida y la vida de su hija han quedado mediatizadas, determinadas, en principio, por: el error que ella cometió al haber seguido adelante en la relación que fracasó estrepitosamente. Que ese error debe ser asumido, reconocido, digerido y puesto a ventilar para . . . seguir adelante sin más, con redobladas fuerzas . . . porque, ¿por qué? . . . porque a pesar de todo ¡la vida le ha sonreído!, porque es vital, fundamental, que entienda, que sienta que ha sido capaz de sacar al mundo una vida nueva, una mujercita que habrá de ser independiente, fuerte, humana y sensible, y que el reto de vivir se les presenta a diario, a ambas, recién despiertas, con una sonrisa que ilumine el espejo y unas ganas que amilane la vileza del maltrato, la vileza de la cobardía, la vileza de la reconcomida inquina contra la vida que nos reclama alegría, coraje, humanidad y superioridad sobre la racanería que pueda llegar a poner a la niña en medio del fracaso que no se debe olvidar.

Porque precisamente esa es la cuestión, esa la baza de esta mujer, de esta madre que debe dar ¡gracias a diario!. De su libertad, de su entrega, de su fuerza, de su capacidad de volverse a levantar una y mil veces, con una sonrisa, de nuevo, para volver a empezar, un día y el siguiente también, ofreciendo la mano a su hija . . . porque ha de entender la pequeña que siempre tendrá a su lado a su madre, como ejemplo, como guía, como indestructible afán por seguir viva, por seguir ilusionada, porque la vida . . .se ofrece a ser vivida por la mujer que se ha convertido en madre de una pequeña que también necesita sentirse viva, feliz, libre, comprometida con su capacidad de llegar a convertirse en una . . . ¡imbatible mujer!, dueña de sus derrotas y de sus victorias.

Porque la madre solo puede y debe aspirar a ser invencible en su intento diario por levantarse tras cada caída, tras cada error. Porque la hija debe abrirse también camino en la vida, agridulce, que le aguarda . . . aunque y sobretodo porque siempre podrá contar con . . . su madre.



     Torre del Mar mayo – 2.016

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