Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
C O C I N E R O S

26/07/2016.

Dice la prensa que a raíz de ciertos programas televisivos, concursos sobre el asunto de cocinar, ahora muchos niños quieren ser cocineros. ¿?, niños que además de jugar, se supondrá, y de estudiar, también se supondrá, se dedicarán a cocinar, con mucho arte, con mucha dedicación, con ¿mucho oficio? . Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Y uno que ha visto, menos que más y no como disculpa, algunos momentos de esos citados programas, pues uno no acaba de entender que tenga nada que ver la afición y el ejercicio de cocinar sobre el mal genio mantenido, el chorreo impune y el disgusto del concursante que queda . . . eliminado, en plena efervescencia por mantenerse muy crispados todos ellos, concursantes y jurado sabelotodo, mientras se hace como si se cocinara, al estilo de “jugar a médicos” que hacíamos cuando éramos niños, con extrema gravedad, o eso me parece.

Y es que uno ya no sabe si eso de “cocinar” al uso actual, al uso televisivo y concursador, no tendrá nada que ver con el “cocinar” que uno es capaz de reconocer, tan cateto uno, con la santa tradición sobrevolando el arte de condimentar, guisar, emplatar y, al cabo, comer con buen apetito . . . lo que se acaba de, eso mismo, de cocinar, y si es en buena compañía mejor.

O ese otro cocinar de a diario, con el presupuesto corto, muy corto, que uno fue viviendo en su propia familia, con el ranchito cotidiano, tradicional, secular, que iba de la sopa de puchero a la carne de ese cocido en salsa de tomate, desde las croquetas huevo cocido, tan humildes, hasta el arroz con leche tratado con mimo, mucho mimo, mientras va tomando la textura golosa perfecta, . . . porque no se puede cocinar mejor, desde esos calamares en su tinto hasta el bacalao al pil pil, desde el salmorejo generoso y contundente hasta el espeto de sardinas, mágico, simple, tan com0plejo para descubrir el instante de apartar la caña del fuego que solo ha hecho que . . . acariciar.

Y por lo tanto cocinando sin olvidarse de lo que ya lo hicieron, y cómo cocinaban nuestros mayores, nuestras abuelas, nuestras madres, e incluso algunos hombres . . .como mi padre que se hacía unas básicas sopas de ajo que saboreaba frecuentes noches, mientras yo aprendía observando, mientras yo observaba callando o preguntando, pero mirando mucho como se podía batir una clara de huevo hasta ponerla a punto de nieve, o recrear un refrito como si tratara de crear un lecho donde mecer el guiso que nos . . . ¿tumbe de espaldas y de puro gusto?.

Pues por eso, con nuestros niños ansiosos por convertirse en ¿cocineros?, con ¿cabreo incorporado a la salsas?, con nuestros niños abnegados por la pericia “dibujando” “cositas de comer”, ¿o así?, haciendo como que van a descubrir “el art decó” de la cocina, cocinando, cocinando . . .

 

Madrid julio – 2.016

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