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Vocalía de Flamenco
Muere el cantaor de flamenco José Menese

30/07/2016.

El cantaor flamenco José Menese Scott ha fallecido la noche de este viernes a los 74 años en su casa del municipio sevillano de la Puebla de Cazalla. Crítico con el franquismo y afiliado hasta sus últimos días al Partido Comunista, se convirtió en uno de los referentes del cante jondo de los años previos a la Transición española. Las causas de su muerte no se han confirmado todavía. Fuente. Diario El País

Jose Menese

Jose Menese

Siempre se caracterizó por su alejamiento de todo lo que significara fusión o búsqueda de otras vías al flamenco, pero sin que eso impidiera estudiar en la raíz del propio arte. De hecho, Menese interpretó palos de los que muy pocos cantaores habían oído siquiera hablar. Era un progresista en el terreno ideológico que, sin embargo, mantenía posturas artísticas absolutamente conservadoras.

 

 

Comenzó a cantar por tonás y terminó por seguiriyas, explicaba en una crítica en este diario Ángel Álvarez Caballero. "José Menese cantará un día un poco mejor, otro un poco peor, pero siempre cantará por derecho", remataba el escritor. Y añadía sobre un concierto suyo en 2002: "Tiene el flamenco metido en los huesos, tanto —y soy plenamente consciente de lo que digo— que difícilmente podría vivir sin él".

Menese logró el reconocimiento de un público muy exigente con los flamencos no gitanos. Su estilo fue elogiado por escritores como Rafael Alberti, Fernando Quiñones y Antonio Gala. Algunos expertos lo situaban a la altura de cantaores como El Lebrijano, fallecido el pasado 13 de julio. Un verano negro para este género, pues ha perdido también en menos de un mes a uno de sus guitarristas más conocidos, Juan Habichuela y la cantaora Juana la del Revuelo.

A lo largo de su carrera grabó una treintena de discos. El primero de ellos, en 1963, llevaba por título su propio nombre y estaba compuesto por diversos palos de soleá, siguiriya, bulerías y mirabrás, acompañado a la guitarra por Melchor de Marchena y Eugenio Jiménez. La última vez que entró en un estudio de grabación fue en 2005, para sacar al mercado A mis soledades voy, de mis soledades vengo, basado en los poemas más notorios del Siglo de Oro español.

 

Fue el primer artista flamenco en actuar en el Teatro Olympia de París. En 1965 obtuvo el Premio de Honor Tomás el Nitri, del Concurso de Cante Flamenco de Córdoba, y en 1996 una mención especial de los Premios Ondas.

Menese ha fallecido pocas semanas antes de que la localidad sevillana de Mairena del Alcor le dedicara a su figura el Festival de Cante Grande Antonio Mairena, que se celebrará en septiembre y que este año se había concebido como un homenaje a la carrera del cantaor. También tenía previsto recibir un homenaje en agosto en el Festival Flamenco de la localidad jiennense de Alcalá la Real.

Formaba parte del conjunto de cantaores que irrumpió con fuerza en los años sesenta, con voces como la de El Lebrijano, Antonio Fernández Díaz Fosforito, José Sánchez Bernal Naranjito de Triana, Antonio Núñez Montoya El Chocolate, Antonio Cortés Pantoja Chiquetete y como cabecilla de todos ellos, José Monje Cruz Camarón de la Isla

Tres caminos a la pureza del cante

Pasado, presente y futuro del flamenco, según José Menese, Rancapino y Fernando de la Morena

La cita es en uno de esos corrales de vecinos de Triana, en Sevilla, de donde fueron expulsados los gitanos en los 50. Llegan desde tres de los vértices mágicos del rito dramático del flamenco: la campiña sevillana, los Puertos de Cádiz y Jerez de la Frontera. José Menese (La Puebla de Cazalla, 1942), Alonso Núñez Rancapino (Chiclana, 1945) y su coetáneo Fernando de la Morena, nacido el barrio de Santiago, subirán el 27 de junio al Teatro Español en el festival madrileño Suma Flamenca para celebrar “50 años de Cante”, aunque en realidad las cuentas arrojen más de dos siglos de arte desde la cuna. Será en una gala sensacional, auspiciada por la Comunidad, donde cada cual representará lo suyo: Menese, el cante torrencial que deslumbró a Antonio Mairena y que ahí sigue, afiliado a la ortodoxia, las querellas de antiguos contra modernos y el Partido Comunista. Rancapino, a esa forma afónica de honrar la belleza. Y De la Morena, al cantaor de carrera tardía que se bajó del camión de reparto al compás de una bulería perfecta.

 

 

La charla entre las leyendas del cante, viejos conocidos, arranca con el inevitable recuento de lutos (Paco de Lucía, Félix Grande, El Torta…) y fatigas, con los malos tragos de los baipá (bypasses) y otros peajes de la vida bien exprimida para, después, derivar en asuntos más o menos cabales.

Pregunta. ¿En qué han cambiado las cosas del cante en estos 50 años?

José Menese. Muchísimo. No solo el cante, ha cambiado la humanidad, lo humano, la esencia.

José Menese.

 

 

P. ¿A peor?

J. M. A mejor no va. Aunque no digo nada, porque luego me pegan todos los palos. Soy el hombre más apaleao de la historia.

P. Supongo que lo dice por la última polémica acerca de Morente, cuando dijo en televisión aquello de: “No tiene soniquete el muchacho, y él lo sabía, para cantar por soleá como Dios manda. Y, entonces, echó mano de esas cosas”.

J. M. Yo sé que a mí me iban a hacer un homenaje en Granada, que ya no me van a hacer, porque dije aquello. Es la leche. El poder que tiene esa familia… El otro día en Canal Sur me encontré con un cantaor que me confesó: “Menos mal que has dicho lo del otro día. Alguien lo tenía que decir”. Pero los palos me los llevo yo. Si me dices: ¿A mejor? Pues eso es lo que quisiera yo, quisiera Alonso y quisiera Fernando, pero no es así.

Rancapino. Me vais a perdonar que diga una cosa. En Granada no se ha cantado nunca bien.

J. M. Yo digo que los idiomas son tremendamente importantes. Córdoba… ¿qué ha dado? Nada, pero esto no lo exageres tampoco. Málaga, su malagueña. Jaén, no sé, dicen que la taranta de Linares. No sé si eso es así, porque como iban y venían los mineros... A mis 71 años, me doy cuenta de que el flamenco se desarrolla en Sevilla, Jerez, Cádiz y los Puertos.

R. Y para de contar.

J. M. ¿Es mentira, primo Fernando?

Fernando de la Morena. La expresión es totalitaria, mi amigo.

P. ¿En qué se diferencian las escuelas que representan?

R. El cante es el cante, se nace con él o no se nace… y eso no se puede remediar. Que unos lo hagan con la voz más bonita o más ronca, es lo de menos.

F. M. Yo he cantado siempre, pero en serio no empecé hasta que tuve ya tres hijos y estaba colocado, trabajaba en Bimbo, pan y pasteles, era el fresco del barrio. Grabar, grabé tarde. Con 50 años. Ahora, cantar, canté siempre.

Fernando de la Morena.

 

 

P. ¿Qué han ganado y perdido con los años?

J. S. El flamenco ha llegado donde ha llegado, pero ahí se ha quedado. Necesita una renovación de personas que transmitan, que nos lleguen dentro.

P. También es Patrimonio de la Humanidad, que suena a esos fósiles de los museos.

F. M. Patrimonio Mundial de la Orfandad, eso es el flamenco.

R. ¡Olé tú!

J. M. Es una paradoja tremenda que cuando eso se nombra Patrimonio nosequé de la Humanidad sea cuando haya menos cantaores que se salgan de lo esperado. ¿Qué falta? Pues como con los toros, que solo hay cinco o seis toreros que duelan. Y eso es el cante. Tiene que doler, y si no duele, acuéstate, amigo.

R. ¡Doler, sí! ¡Pero con faltas de ortografía!

J. M. Hay una anécdota que cuenta García Lorca en [su conferencia de 1933] Juego y teoría del duende. Una vez, en una fiesta en el Cuervo, con Pastora Pavón [La Niña de los Peines], Ignacio Sánchez Mejías y el sursuncorda de ese momento, estaba cantando ella con una pasividad tremenda y aquello no decía nada, y un señor gritó: “¡Viva París!”. Y ella, que era muy soberbia, se dio por ofendida. Así que pidió un pelotazo de machaco y allá que se lo metió. Eso encoge las cuerdas vocales… Se tuvo que pelear con el cante y la gente se rompió la ropa. El flamenco es eso, como los toros y la pintura. Y ya está…

P. ¿Y qué hará la afición cuando, como el Rey, abdiquen?

J. M. [RISAS]Yo no me voy a retirar, siempre que esta de aquí, toco madera [se señala la garganta], me dure. Yo soy republicano. Me acuerdo de eso de Fernando Quiñones de “Porque a rey muerto / rey puesto / bien que lo dice el refrán / y es antiguo ya / solo ha conseguido el absurdo criminal / dejar sin padre a esos hijos / y el mundo sigue igual”. Esto va a seguir como está.

P. ¿Aunque los reyes ya no sean los padres?

F. M. Confiemos en el chaval, que para eso lo han preparado. Yo tengo 69 tacos pero aún así, de política, natimistrati.

P. ¿Tampoco de la crisis? ¿Cómo van llevando la crisis?

[RISAS]J. M. Esta crisis ha superado todo lo superable. Y no soy pesimista. La cultura está por el suelo. El teatro no existe, la música clásica no existe. ¡Nos están fallando hasta los toros! Lo que pasó el otro día, que cogieran a los tres toreros… No es normal…

F. M. Y a las pruebas nos remitiéramos en el pretérito que le perteneciere… ¡Olé, que gitano más fino!

P. ¿Ven esperanza en Podemos?

J. M. Yo me alegré porque el chaval [Pablo Iglesias] me cae de maravilla, pero vamos a ver... Yo empecé a militar en el Partido Comunista en el año 68. Y sigo afiliado, aunque el partido no existe ya. Lo que pasa es que los ideales se han perdido. A ti te cogen fumándote un canuto, como me pasó a mí el otro día, no a mí, sino a una persona que iba conmigo, y se arma la de dios es Cristo. Sin embargo, roban millones y millones y no pasa absolutamente nada.

F. M. Y no aparece nada. Nada por aquí, nada por allí.

P. El caso de Jerez es uno de los más sangrantes.

F. M. A mí lo que me enseñó mi padre es que hay que trabajar. Y ahora hay que darse con un señor canto en los dientes si se tiene trabajo. Uno no, porque ya plegué. Pero mis hijos… Los míos y los de todo dios.

P. ¿Ustedes tienen a los hijos colocados?

Alonso Núñez 'Rancapino'.

 

 

R. ¡Colocados al plato de cuchara! [RISAS]

F. M. En el flamenco está la cosa igual, estamos como el Brene que cantaba por las tapas. Le decían: “Brene, hazte un cantecito”. “Ea, pero ponme una tapita de papas”. Así estamos, hemos vuelto a lo antiguo.

R. Ahora no hay afición al flamenco. Antes se escuchaba a un cantaor y se paraban cuarenta personas. Ahora se levanta de su sepultura el monstruo número uno que para mí era Juan Talega... y se tiene que ir pa su casa.

J. M. Ya se lo dijo El Quijote a Sancho, que con la barriga llena se crea poco. Hoy aprenden en escuelas, cuando el cantaor tiene que nacer. Eso de dar clases a mí me parece horroroso.

P. ¿Cómo se enteraron de la muerte de Paco de Lucía?

J. M. En la Puebla, y me acordé de una fotografía en la que salgo con él. Testimonio de un tiempo de una riqueza natural increíble.

R. Yo luego estuve en el funeral. Porque a mí Paco me quería mucho, desde los años en que me iba con Camarón a Algeciras y luego en Madrid con su padre, que le obligaba a estudiar. Y yo le decía al padre: ‘‘Paco, ¿y cuándo me vas a hacer un disco tú a mí?”. ‘‘Tú? ¡Tú vas a grabar en un queso!”. [RISAS]Camarón y yo siempre andábamos juntos. Hasta lo casé con la Chispa. Me iba a la Línea porque me gustaba una hermana de la Chispa. Me quería toda su familia menos ella. Ya que no me casé yo, casé a Camarón.

P. Soltero no quedó… ¿es cierto, Rancapino, que Felipe González es padrino de un hijo suyo?

R. Afortunadamente o desafortunadamente, así es. Mira, estábamos de fiesta en El Chato en Cádiz. Y en las conversaciones salió que si yo tenía muchos niños. Y yo dije: 'Mira si tengo niños que tengo uno sin bautizar'. Y él: ‘‘Ese te lo bautizo yo”. ‘‘Mira, pues yo lo único que pongo es el niño, porque no tengo más ná”. [RISAS]

P. ¿Siguen apreciando el flamenco más fuera de España?

J. M. Sí. Nos tratan de otra manera que en Andalucía.

R. Ayer mismo vino una japonesita a Chiclana a estar conmigo. Hay que tener valor, porque yo tampoco soy Robert Redford [RISAS]. Y se puso a cantar. Y yo decía: ‘‘¿Cómo puede ser?”. Fernando, ¡que cantaba por soleá!

P. ¿Y es lo mismo?

R. ¡Cómo va a ser igual! ¡Eso nunca! Una vez me pasé seis meses cantándole en Sapporo a un japonesita. Como no me acordaba del nombre, le puse Maruja. Luego se vino a Madrid. Y en medio año aprendió a cocinar y a bailar… ¡Yo para aprender eso me tengo que tirar seis años!

P. Algo de japonés aprendería…

R. Sayonara y arigató. Y chotto matte. Que era para decir que me esperaran un poco.

F. M. Musho tomate.

R. ¡Con papas! [RISAS].

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