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Las Olimpíadas de 1936

03/08/2016.

Las Olimpíadas constituyeron el campo de batalla ideal para la maquinaria propagandística nazi, la cual no tenía rival a la hora de organizar espectáculos públicos y mítines elaborados.

El último de los 3.000 corredores a cargo de portar la antorcha olímpica desde Olimpia, en Grecia, llega al Lustgarten (Jardín de las Delicias) de Ber

El último de los 3.000 corredores a cargo de portar la antorcha olímpica desde Olimpia, en Grecia, llega al Lustgarten (Jardín de las Delicias) de Ber

Espectáculos coreográficos fastuosos, proezas atléticas sin precedente y la cálida hospitalidad germana hicieron de las Olimpíadas de 1936 un evento memorable tanto para los atletas como para los espectadores. No obstante, detrás de esta fachada, un dictador despiadado perseguía a sus enemigos mientras se rearmaba para la guerra con el propósito de adquirir "nuevos espacios para vivir" para la "raza aria superior".

Durante dos semanas en agosto de 1936, la dictadura nazi de Adolf Hitler camufló su carácter racista y militarista mientras el país alemán era anfitrión de las Olimpíadas de Verano. Dejando de lado su agenda antisemita y los planes de expansión territorial por unos instantes, el régimen explotó las Olimpíadas para impresionar a miles de espectadores y periodistas extranjeros presentando la imagen de una Alemania pacífica y tolerante. Tras rechazar una propuesta de boicot contra las Olimpíadas de 1936, los Estados Unidos y otras democracias occidentales perdieron la oportunidad de adoptar una postura que, según los observadores contemporáneos, podría haber limitado el poderío de Hitler y respaldado la resistencia internacional a la tiranía nazi. Una vez finalizadas las Olimpíadas, el expansionismo y la persecución de judíos y otros "enemigos del Estado" por parte de Alemania aceleraron su paso hasta culminar en el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto

 

El póster oficial de las Olimpíadas, diseñado por el artista nazi Frantz Wurbel, muestra a un atleta olímpico que se eleva por sobre la Puerta de Brandenburgo, símbolo de Berlín. 1936.

—USHMM #14916/Courtesy of John Loaring
 
Atletas afroamericanos

Dieciocho atletas negros representaron a los Estados Unidos en las Olimpíadas de 1936. Los afroamericanos dominaron las populares disciplinas de pista y campo. Muchos periodistas estadounidenses enaltecieron las victorias de Jesse Owens y otros atletas negros como un golpe al mito de la supremacía aria nazi.

La censura que Goebbels impusiera a la prensa impidió que los periodistas germanos expresaran sus prejuicios libremente; sin embargo, uno de los principales periódicos nazis mostró su desprecio hacia los atletas negros calificándolos de "auxiliares". La constante discriminación económica y social que debieron enfrentar los medallistas negros a su regreso a casa puso de manifiesto la ironía de su victoria en la Alemania del racismo.

 

La prensa estadounidense informaba constantemente sobre la amistad que había surgido entre Owens y Carl Ludwig (
La prensa estadounidense informaba constantemente sobre la amistad que había surgido entre Owens y Carl Ludwig ("Luz") Long, su rival alemán en el salto de longitud. Long murió en combate durante la Segunda Guerra Mundial.
—USHMM #69562/Courtesy of Dr. George Eisen
Owens, hijo de campesinos de Alabama, es asediado por fanáticos en busca de su autógrafo durante su estadía en Alemania. Owens era aclamado estrepitosamente por la gran mayoría de espectadores alemanes cada vez que ingresaba al estadio. 31 de julio de 1936.
Owens, hijo de campesinos de Alabama, es asediado por fanáticos en busca de su autógrafo durante su estadía en Alemania. Owens era aclamado estrepitosamente por la gran mayoría de espectadores alemanes cada vez que ingresaba al estadio. 31 de julio de 1936.
—USHMM #21726/UPI/Bettmann/CORBIS
Jesse Owens,
Jesse Owens, "el humano más rápido del mundo", cosechó cuatro medallas de oro y se transformó en el héroe de las Olimpíadas. En el salto de longitud alcanzó los 8,13 metros, lo que constituyó un récord olímpico. Inmediatamente después de las Olimpíadas, Owens, promovido por el deseo de capitalizar su fama, renunció al tour europeo de encuentros posolímpicos organizado por la Unión Atlética Amateur y, como consecuencia, se le prohibió participar en competencias no profesionales. 4 de agosto de 1936.
—USHMM #14519/Bundesarchiv Koblenz, Germany (inventory number 146-1995-066-31A)
John Woodruff se consagró ganador de la carrera de 800 metros con una marca de 1:52.9 minutos. Woodruff prestó servicio como oficial en una unidad del ejército estadounidense segregada racialmente durante la Segunda Guerra Mundial.
John Woodruff se consagró ganador de la carrera de 800 metros con una marca de 1:52.9 minutos. Woodruff prestó servicio como oficial en una unidad del ejército estadounidense segregada racialmente durante la Segunda Guerra Mundial.
—USHMM #14498/FPG International, New York
El equipo estadounidense de salto de altura arrasó en las Olimpíadas. De izquierda a derecha: Delos Thurber (bronce), Cornelius Johnson (oro) y David Albritton (plata). La marca de Johnson en barra fija fue de 2,03 metros, un nuevo récord olímpico. 2 de agosto de 1936.
El equipo estadounidense de salto de altura arrasó en las Olimpíadas. De izquierda a derecha: Delos Thurber (bronce), Cornelius Johnson (oro) y David Albritton (plata). La marca de Johnson en barra fija fue de 2,03 metros, un nuevo récord olímpico. 2 de agosto de 1936.
—USHMM #21699/UPI/Bettmann/CORBIS

"Mack" Robinson fue medalla de plata en los 200 metros lisos. Su hermano menor, Jackie, se convertiría en el primer beisbolista afroamericano en jugar en las ligas mayores en 1947.
—USHMM #21719/Courtesy of Mack and Delano Robinson
Archie Williams, estudiante de la Universidad de California, en Berkeley, fue medalla de oro en la carrera de 400 metros con una marca de 46,5 segundos. Durante la Segunda Guerra Mundial, se desempeñó como instructor de pilotos de guerra afroamericanos en el campo aéreo segregado del ejército en Tuskegee, Alabama.
Archie Williams, estudiante de la Universidad de California, en Berkeley, fue medalla de oro en la carrera de 400 metros con una marca de 46,5 segundos. Durante la Segunda Guerra Mundial, se desempeñó como instructor de pilotos de guerra afroamericanos en el campo aéreo segregado del ejército en Tuskegee, Alabama.
—USHMM #14503/Bundesarchiv Koblenz, Germany (inventory number 146-1995-066-19A)
 
John Woodruff habla sobre sus experiencias.

 
Transcripción:

Nací en una pequeña localidad situada a aproximadamente 80 kilómetros de Pittsburgh, un pueblito en medio de las montañas. Mi padre era peón. Mi madre dio a luz a 12 niños. Ninguno de los integrantes de mi familia terminó la secundaria. El atletismo era la única manera de asistir a la universidad. Mis padres no tenían dinero para costear mis estudios. De hecho, ni siquiera tenía... cuando recibí una beca para estudiar en la Universidad de Pittsburgh, ni siquiera contaba con un medio de transporte para asistir a clases.

En realidad, nunca pensé en participar en las Olimpíadas. Nunca tuve ese pensamiento en lo absoluto. Fue el entrenador quien me habló del tema y me comentó que tenía expectativas de que participara en las pruebas clasificatorias de selección del equipo. En cierta oportunidad, recibimos la visita de un joven atleta alemán. Le preguntamos a este muchacho, ya que hablaba inglés con fluidez, qué opinaban los alemanes, el pueblo alemán, de Hitler. Su respuesta fue que consideraban que era un gran hombre debido a lo que había hecho por el país desde el punto de vista económico, que su presencia era buena para el país. Pero, por supuesto, no se percataban de que tenían en frente a una suerte de Frankenstein.

Se rumoreaba algo acerca del boicot a las Olimpíadas debido a la política hitleriana en contra de los judíos de Alemania. Sin embargo, esto nunca se discutió abiertamente entre los miembros del equipo. Escuchamos algo al respecto, pero nunca hablamos de ello. Como es de suponerse, no nos interesaba la política en lo absoluto. Lo único que teníamos en mente era participar en las Olimpíadas y consagrarnos vencedores.

Era la primera vez en mi vida que me subía a un barco. La mayoría de los negros proveníamos de hogares humildes. Ninguno de nosotros provenía de hogares de clase media ni alta, la mayoría éramos de clase baja. Jesse [Owens] también provenía de un hogar humilde. Los nervios me consumían. Era un muchacho de 21 años que nunca había estado tan lejos de casa.

Mi único objetivo era ganar todas las veces que participara en una carrera, y eso fue lo que hice. La determinación es lo más importante. Sentir fuego en las entrañas. Ganaba por mí y también lo hacía por mí país. Yo en primer lugar, luego el país. Fue, definitivamente, un sentimiento muy especial alzarse con la medalla de oro y ser negro. Aplastamos su teoría [la de Hitler] de la raza superior tan pronto como comenzamos a adueñarnos de esas medallas de oro. Me sentía muy orgulloso de semejante logro y muy feliz por mí como individuo, por mi raza y por mi país.

Una vez finalizadas las Olimpíadas, íbamos a participar en las pruebas de pista de Annapolis, en la Academia Naval. Allí me encontraba yo, un campeón olímpico, pero le dijeron al entrenador que yo no podía competir. No permitieron que participara. Tuve que quedarme en casa debido a la discriminación. Eso me dio la pauta de cuál era la situación: las cosas no habían cambiado, todo era exactamente igual que antes.

 

The Museum’s exhibitions are supported by the Lester Robbins and Sheila Johnson Robbins Traveling and Special Exhibitions Fund, established in 1990

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