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Medio siglo de Arte en la albañilería

07/08/2016.

La Peña El Palustre celebra este año las 50 ediciones de su prestigioso Concurso Nacional de Albañilería, que comenzó en 1967 en los bajos de la sede, entonces en construcción y que desde 2006 tiene lugar todos los años en la plaza del Padre Ciganda. fuente. diario La Opinión. Texto. Alfonso Vázquez

Francisco Ortega (izq.), Francisco Barbero, Mari Carmen Peláez, Manuel Peláez y Demófilo Peláez en la sede de la Peña El Palustre.  ÁLEX ZEA

Francisco Ortega (izq.), Francisco Barbero, Mari Carmen Peláez, Manuel Peláez y Demófilo Peláez en la sede de la Peña El Palustre. ÁLEX ZEA

El detonante fue el triunfo de José Sánchez Correa, socio de la recién nacida Peña El Palustre, en el concurso provincial de albañilería que celebraba el sindicato vertical.

Corría el verano de 1967, la peña acababa de crearse en julio, en plena Feria de Málaga «y pensé, por qué no hacemos nosotros un concurso de albañilería, porque en aquel tiempo, los que empezamos en la peña estábamos vinculados a la construcción, así que dicho y hecho, la peña nace en julio y el concurso se celebró en septiembre», recuerda Manuel Peláez Santiago, fundador de la Peña El Palustre y de su famoso Concurso Nacional de Albañilería, el más antiguo de España, que el próximo 25 de septiembre llegará a la edición número 50.

Han cambiado mucho las cosas desde esa primera edición, que se celebró en la sede, todavía en obras, de la Peña El Palustre, en la calle El Palustre (llamada así desde 1971). La sede se encontraba en un edificio del que era promotor Demófilo Peláez, hermano de Manuel. Los socios la pagaron entre todos.
En esa primera edición participaron 10 cuadrillas y ganó la formada por Francisco del Pino, fallecido hace unos meses y Antonio Fernández Gómez. «Esa primera edición fue casi una convocatoria privada de amigos», apunta el arquitecto Demófilo Peláez, hijo de Manuel, quien diseñó esta primera figura.

 

Pero quien durante 42 ediciones se hizo cargo del diseño fue el mencionado Demófilo Peláez Santiago, recientemente fallecido, y a quien va dedicado, como un maestro del concurso y de la albañilería en Málaga, el libro conmemorativo de los 50 años, obra su hermano Manuel, con portada de Juan Jesús Peláez Postigo, hijo de Demófilo.

«Mi padre y mi tío había un día en que ellos mismos hacían el trabajo, la figura, para demostrar que se podía hacer, pero en mi casa nunca pillábamos hebra. Cuando mi padre estaba perdido sabía que lo estaban haciendo. Y luego, el día del concurso era un día grande en la casa, desde el día anterior estábamos todos los chiquillos revueltos y era una fiesta», cuenta Mari Carmen Peláez Postigo, hija del fallecido Demófilo Peláez y actual presidenta de la Peña El Palustre.

De 1968 a 2005, el concurso se celebró en la calle El Palustre, en los primeros tiempos, un descampado terrizo con dos eras vecinas y al fondo, el Colegio San Estanislao.

El primer salto importante de la cita se produjo en 1976, cuando Manuel Peláez y Bartolomé Fernández quedan campeones de España de Albañilería, una cita celebrada en Huesca, algo que dio mucho prestigio al concurso del Palustre.

Las autoridades se implican

En 1982 se produjo otro importante salto de calidad al lograr «que los organismos metieran el hombro» y colaboraran y asistieran el alcalde Pedro Aparicio, el presidente de la Diputación Luis Pagán, así como representantes de la Junta de Andalucía y los colegios de Arquitectos y Aparejadores. Con los años, comenzaron a acudir concursantes de Madrid, Extremadura, Cataluña... y de las 10 cuadrillas iniciales se pasa a cerca de 28 en la calle El Palustre. Por eso mismo, por la falta de espacio, en 2006 se produce el traslado a la plaza del Padre Ciganda, junto a la playa del Palo, que tiene una capacidad máxima de 35 cuadrillas.

Como curiosidad, una de las figuras que más quebraderos de cabeza dio fue una en forma de huevo en la edición de 1974. En ese año se estrenó en el jurado el arquitecto Francisco Ortega Ortigosa, presidente del mismo desde 1986 y hasta la actualidad. «Lo que a mí más me llamaba la atención de la prueba es que no se repetía ni por asomo, ni siquiera había figuras parecidas y era algo dificilísimo porque con la menor deformación iba al suelo», destaca.

En 2002, por cierto, el jurado declaró desierto el concurso pues ninguna cuadrilla realizó de manera correcta la figura, que recordaba una gaviota.

Francisco Ortega no quiere olvidar la famosa libreta de Manuel Peláez, un organizador muy detallista. «Ahí están todas las tripas del concurso», señala el presidente del jurado.

Como se pregunta Francisco Barbero, expresidente de la peña, «¿qué colectivo privado lleva cincuenta años haciendo algo así?».

El Palustre y su concurso son ya una de las principales señas de identidad del barrio del Palo. Se lo han ganado.

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