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Opinión
¡QUE VIVA EL VINO!

29/08/2016.

Y la cerveza, y el gintónic, y el vermut, y el ron con cola, y el orujo, y el carajillo, y la copichuela, y el aguardiente, y el soberano, y . . . ¡el alcohol en sangre!, todo con muy buen humor, chanza a raudales, vomitonas, falta de control, desmadre, sinrazón y sentido equivocado de la realidad . Texto: ANTONIO GARCIA GÓMEZ

Hace unos días, en una carretera de Zaragoza, recta, bien asfaltada, con arcén, un hombre, un conductor que triplicaba la tasa de alcohol en sangre permitida invadió el arcén, atropelló y mató a dos aficionados ciclistas.

Al día siguiente de esa tragedia el conductor se encontraba en libertad con cargos y aseguraba que "no se acordaba de nada".

Y uno se pregunta si el haber triplicado la ingesta permitida de alcohol actuará como ¿atenuante o como agravante?.

Y entretanto se oirá por muchos rincones de España el grito eufórico de ¡Viva el vino!

Y ¡qué consideración social, benévola, comprensiva, tiene el borracho, el alcohólico, tan integrado en el tejido social de nuestras comunidades!, tan procliuves a tomarse unas cervecitas, unos vinillos, unas copichuelas, unos combinados . . .

Y mi madre aseguraba, socarrona, que eso del vino y sus excelencias era algo así como "el elixir de los dioses", y se reía y recordaba la vez que se achispó, cuando en una boda se tomó el sorbete de limón y cava, el suyo y el de su marido, y es que estaba muy fresquito aunque al rato la cabeza se le iba de un lado a otro.

Y cuando yo leí en un tetrabrick de vino corriente la leyenda sobre las bondades del contenido yo empecé a sospechar que tal vez todo era "literatura barata", entre tanta sinfonía de tonalidades afrutadas con matices tornasolados carmesís, y tal y tal . . . y uno apreció que la labor de los químicos sería inapreciable.

Y no hay fiesta sin alcohol, sin mucho alcohol, sin cántaras y cantarillas de vinacha, de cerveza, de aguardiente . . . y con borrachos, muchos borrachos, jóvenes, viejos.

Y los días de a diario, desde la copichuela matinal hasta el copazo de la noche, en una ingesta continuada, bien asumida por la sociedad que entiende que beber alcohol forma parte del día a día.

Y se indignan los prohombres , los del bigote sin bigote, perorando aquello de ¿quién es nadie para decirle qué o no debe tomar?, . . . el macho alfa decidiendo si ha de ponerse a tono o no.

Con el asentimiento mudo y cobarde de la mayoría que sabe que "brindar con agua da mala suerte", ¡mecachis!.

Y de paso dos vidas truncadas por un conductor que triplicaba la tasa de alcohol en sangre permitida, y seguro que él ya no se acuerda de nada y no fue para tanto lo que bebió. . .¿a qué sí?, y ¡qué viva el vino!.

 

 

  Torre del Mar agosto – 2.016

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