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UN PEQUEÑO SOHO VANGUARDISTA EN LA BARRIADA DEL PALO

22/09/2016.

l arte urbano se ha convertido en los últimos años en una de las expresiones artísticas de mayor importancia por su carácter abierto, público y accesible a cualquier espectador. Ha revolucionado la imagen visual de diversos barrios mejorando, a su vez, el atractivo de los mismos a través de la rehabilitación artística. fuente, http://www.pezmagazine.com/wp-content/uploads/2015/12/logopez3333.png

Mural de Dámaso Ruano en la Barriada del Palo (presidiendo la plaza del Niño de las Moras)

Mural de Dámaso Ruano en la Barriada del Palo (presidiendo la plaza del Niño de las Moras)

El objetivo de esto ha sido poder  disfrutar de la segunda oportunidad que se le brinda a estos espacios haciendo de ellos un núcleo de vida urbana más rica mediante la conciliación arte-vida. En Málaga el ejemplo más actual de ello es el Soho (barrio de las artes); una iniciativa que buscó modernizar y dinamizar una zona que empezaba a presentar cierta degradación urbanística y comercial a través del graffiti o el Street art. Las calles se convirtieron en un soporte de creación que recogió las inquietudes de artistas que se prestaron a una labor comunitaria que reforzaba una identidad, ya de por sí, muy marcada en los habitantes de esta ciudad.

El espacio público siempre tiene una historia que debe ser rescatada para que los ciudadanos se sientan identificados formando parte de esa experiencia de transformación con la que conviven día a día. Por ello es necesario echar la vista atrás y viajar a los años 80 donde podemos comprobar que Málaga ya gozaba de un pequeño Soho Vanguardista en la Barridada del Palo que mejoró y revitalizó estéticamente ciertos edificios con diversos murales realizados por algunos de los artistas pertenecientes al Colectivo Palmo, de la misma forma que lo hizo el Soho con los murales de Obey  o de  D*Face.

 

Soho

Murales de Obey y D*Face en el barrio del Soho (Málaga)

 

Dámaso Ruano, Pepa Caballero y Joaquín Lobato mejoraron el panorama de la barriada con intervenciones urbanas, cuya herencia artística sigue presente en el panorama Malagueño sin salirse del tradicional concepto de pintura.  Este colectivo, uno de los más importantes de la historia cultural de Málaga, fue el resultado de confluencias y encuentros entre artistas cuyo lenguaje vanguardista se alejaba de los planteamientos convencionales y comerciales que por entonces se movían entre el informalismo, la figuración surreal y fantástica o la abstracción geométrica etc. La libertad, la variedad, la pluralidad y el distanciamiento frente a la obra encontraron en este lugar un nexo común donde confrontar sus producciones con el objetivo de democratizar el arte y propiciar la transición artística que anhelaban para una ciudad que a finales de los setenta estaba en proceso de regeneración tras la dictadura.

Es decir, el barrio del Palo ya contaba con una iniciativa tan moderna hace cuatro décadas a pesar de su carácter periférico respecto al centro. Estas intervenciones siempre buscaban la tercera dimensión, permitiendo al espacio y la luz adentrarse en la propia pintura. Transgrediendo límites al establecer un diálogo íntimo entre geometría, tonalidad y atmósfera, así como fabricando formas visuales totalmente novedosas en este ámbito. Esos mundos interiores que emergían de la emoción se plasmaban en líneas y colores a modo de partitura lírica en donde la abstracción, como concepto plástico, apelaba a una suerte de dimensión receptiva en equilibrio con la razón, jugando con planos triangulares y trapezoidales o incluso con franjas de color a modo de rasgones de papel. La línea provocaba heridas y fracturas, frente al discurso lineal geométrico y donde fluidez y color acompañaban a las formas elementales en una suerte de armonía cognoscitiva.

 

Soho

Mural de Dámaso Ruano en la Barriada del Palo (presidiendo la plaza del Niño de las Moras)

 

La abstracción, aunque en el caso de Joaquín Lobato fue diferente, se convirtió en un manifiesto poético para la revolución visual a través de la gama cromática que acontecía en repetición infinita: azules, morados, verdes, rosas y blancos en el caso de Pepa Caballero o celeste, azul y verde oscuro sobre las superficies vacías e infinitas en el de Dámaso Ruano que modernizaron los lenguajes de forma rupturista.

 

Soho

Mural de Pepa Caballero en la Barriada del Palo (situado en el límite occidental de la Plaza del Niño de las Moras)

 

Estos murales convierten a este pequeño espacio urbano “periférico” en un centro de promoción artístico por interés de la propia barriada. Se muestran como un valor añadido para la zona la cual se resignifica a través de un pedazo de historia que aún se utiliza como parte de un discurso vivo y que se expande constantemente, reforzando progresivamente la identidad de un barrio que tiene personalidad propia y que se enriquece a través de las múltiples interpretaciones con las que los vecinos se sienten identificados y reactivan discursos perdidos. Por lo que, aunque esta práctica se convierte en un sello de identidad con la puesta en marcha del Soho Málaga, no hay que olvidar que no fue la primera propuesta de estas características en su sentido más esencial

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