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Vocalía de Flamenco
Epístola a Pastora de los Reyes

26/09/2016.

Triana, con »Trianero», ha superado el trauma de la fingida autenticidad de lo autócton •El plano afectivo emocional cobra sentido en la perspectiva de una Bienal de Flamenco MANUEL MARTÍN MARTÍN Sevilla

Antonio Canales, durante su actuación en el Lope de Vega. |ESTHER LOBATO

Antonio Canales, durante su actuación en el Lope de Vega. |ESTHER LOBATO

'Trianero'

 

Espectáculo: Estreno de 'Trianero', de Antonio Canales / Al baile: Antonio Canales, Pastora de los Reyes, Carmen Ledesma, Pol Vaquero, Luis Peña y El Polito / Al cante: David el Galli, Herminia Borja, Mari Peña y Juanlu Vega 'El Maera' / Al toque: Antonio Moya y Paco Iglesias / Dirección artística: Ángel Rojas / Dirección general: Antonio Canales / Lugar y fecha: Teatro Lope de Vega. 25 de septiembre de 2016 (Tres estrellas)

Estimada mamá Pastora:

A los foráneos cuesta creer el sentido de vinculación al lugar de nacimiento. Tampoco lo reconocen como hábitat con sonidos propios y con modos de vida diferentes los mismos que contribuyeron a la marginalización, que es, justamente, la que ha obligado a conservar su identidad propia.

Me refiero a tu barrio. No es el más antiguo, que lo fue el de la Macarena, pero el arrabal de Triana necesitaba demostrar que su acción jonda tiene diversos matices, que es inútil apoderarse de las esencias del arrabal sin conocerlo, o que desconociendo los límites de la realidad sólo se logra violentarlo, de ahí la importancia de 'Trianero', un montaje donde el plano afectivo emocional cobra sentido en la perspectiva de una Bienal de Flamenco.

Cada espectáculo que aluda a Triana es la reafirmación de lo autóctono, la afirmación para advertir al espectador acerca de sus puntos flamencos fundamentales. Pero afirmar es sentir que algo es posible. Es renovar la esperanza de ver el desarrollo de una historia de vida con desventaja sociocultural. Es, en definitiva, denunciar a quienes lo marginaron -magníficos en su papel Pol y El Polito-, y abrir las puertas de la fragua del abuelo José Canales -de quien Antonio recoge el apodo artístico-, a la posible creación de una realidad aunque pueda verse inducida al fracaso.

Has querido que tu Antonio abra las puertas del Corral de Saramaya, en lo que antaño fue el número 76 de la trianera calle Castilla. Y allí, al calor de la fragua y de los cantes del abuelo y los de La Nini; de la alfarería artesanal del padre y de tu cante y baile gitano, estimada Pastora de los Reyes, ha constatado que con el paso del tiempo quedaron expectativas adormecidas y anuladas por mor del choque de las distintas culturas sociales y las alternativas de vida posibles que no comprendieron el sentido de la exclusión.

Ya quedó señalado en el himno de la obra: "En Triana yo nací / casi nunca lo digo / no me gusta presumir". Y ahí entró la enjundia de El Galli por soleá, cabales o fandangos de Huelva soportando las riendas del caballero maestrante; el goce de Herminia por martinetes, la voz vibrante de Mari, la elegancia de Luis por bulerías o la honda expresividad de Carmen Ledesma en la soleá.

Eso y mucho más es 'Trianero'. Me importó un bledo si se cantó, tocó o bailó mejor o peor. Sólo me fijé en el disfrute que supuso la reafirmación en su doble sentido, colectiva e íntima. Es en ese proceso relacional donde tu Antonio tuvo el tino de establecer el configurador esperado de la identidad. Ahí fijó tu hijo la clave, en la denominación de lo personal. Y por eso la compartió con otros territorios, para señalar cómo cimentar una sociedad flamenca y gitana basada en las relaciones humanas en clave de esperanza.

Tu Antonio le bailó a los señoritos por dos bollos de pan para repartirlo entre los suyos y con la misma rebeldía le hizo un monumento a la soleá, a la bulería y a los tangos. Es decir, se reconoció a sí mismo celebrando sus 40 años con el baile. Pero insisto, reconocer a los otros y el que te reconozcan, como así aprendió de sus abuelas, Manuela y Rosario, es una necesidad del 'Trianero' que requiere establecer vínculos profundos.

Y ahí estabas tú, apreciada Pastora, que a tus 76 años, con tu cante por sevillanas o con el cuplé por bulerías 'La Niña de la Venta' que popularizara Lola Flores, debutaste evidenciando que no se deja de ser quién es, sino que ha habido una evolución para que el olvido no provoque un retroceso que sería la involución, la regresión de lo construido. El aletear de tus manos como palomas fue un grito de libertad frente al opresor, y el sonido dulce de tus pies fue el clamor de paz que rompió el silencio.

Gracias a ti, mamá Pastora y a tu Antonio, porque esa forma de entender el marco de las relaciones sociales en el flamenco repercute en un modelo diferente de ver los vaivenes del arrabal, a más de provocar una acción y una reacción en la realidad. Triana, con 'Trianero', ha superado el trauma de la fingida autenticidad de lo autóctono. Y quien no lo entienda, que consulte al madrileño Ángel Rojas o que acuda a Antonio Burgos, que a la pregunta de qué es trianear, la respuesta cayó desde el cielo hasta la calle San Jacinto número 41, donde habita la Estrella que vigila las dos Cavas: "Pues que un Cristo hasta sentáo ande sobráo de compás". ¿Habrá mejor forma de reafirmarse en lo autóctono?

Un beso

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