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Efemérides paleñas
ARQUEOLOGIA Y CERAMICAS EN EL PALO

07/11/2016.

Para Málaga, ciudad reputada entre otras cosas por sus cereales, sus artículos de comercio, sus viñas, sus mercados, y sus tiendas de baños, la guerra por impedir ser anexionada por Isabel y Fernando a la Corona Castellana, llega a su fin el 18 de agosto de 1487; quedando atrás las desesperadas y valientes, aunque inútiles defensas de villas, pueblos y alquerías de la provincia malagueña. Texto:José Antonio Barberá

J.A. barberá Fernandez

J.A. barberá Fernandez

Los Reyes Católicos finalmente entraron triunfantes en la ciudad,  y 20 días más tarde nombran a los repartidores de la capital, pueblos, y costa, para que  procedan  al recuento de las casas, los arrabales y Gibralfaro; a informarse de los términos y límites de las tierras incultas y de labor, de las heredades, viñas, huertas, olivares, etc.

Cumplida la medición de las tierras por “caballerías” de veinte fanegas y las heredades por aranzadas,  tan solo restaba proceder al reparto de tan importante trabajo entre los que iban a ser sus nuevos pobladores.

Entre las donaciones concedidas por razón de vecindad  y por libre merced de los reyes,  se encontraba  la zona llamada “Las Viñas de Miraflores”, lugar donde actualmente se enclava la barriada de El Palo, que una vez repartida, en los  censos  que se realizarían posteriormente, su nombre sufriría una leve alteración, sería llamada: “El Valle de las viñas de Miraflores”, tierras que, como su nombre indica, fueron muy  pródigas en viñas.

Las tierras de este término ofrecieron excelentes productos a los nuevos residentes; y el mar,  pródigo en pesca, hizo que esta fuese su principal fuente de ingreso, dando lugar años más tarde a  importantes industrias conservera.

El barrio, nació limitado por un mar  continuadamente  acariciador de las arenas de sus playas, y por  la majestuosidad del cerro de San Antón, en cuya vegetación típicamente mediterránea aún se cobija  una extensa y diversa fauna de invertebrados, reptiles, aves y mamíferos.

Al parecer, este cerro fue habitado por una milenaria cultura: los “Adoradores del Sol”,  que según se cree, seguían los mismos o similares rituales que los que se mantenían   en “el Santuario de Noctiluca”,diosa lunar de la fecundidad, la vida y la muerte, anterior incluso a los tartesios, que entre los fenicios fue representada en forma de betilo en la Tierra y por las distintas fases de la Luna en los Cielos, dándose por cierto que el lugar donde se encontraba, era la cercana Cueva del Higuerón.

Precisamente fue en este también llamado “yermo de San Antón” donde se encontraron restos de cerámica perteneciente a poblados iberos, ya existentes dos mil años A.C.,  e indicios de actividades mineras, encontrándose duranteunas excavaciones una estatuilla de unos 40 centímetrosde altura, acéfala, que precisamente por eso,  los arqueólogos de la Excma. Diputación  no pudieron certificar que representase a una virgen o deidad, aunque no se rechazó la posibilidad.

 La hipotética deidad mantiene un niño sobre su regazo que, en su mano izquierda sostiene un libro y  extiende su palma derecha a modo de saludo, probablemente ritual.

     La talla en piedra, de estilo románico, pudo ser traída en la conquista  de la ciudad, o después de ella  por alguna  de las muchas persona  que, apartándose  de la vida convencional, hicieron en este cerro y en el Valle de los Galanes vida de anacoretas, guareciéndose en míseras chozas y cuevas que ellos mismos construían, para  en oración, penitencia y ayuno lograr  el acercamiento a Dios.

 Igualmente pudo pertenecer a alguna de las órdenes religiosas que desarrollaron su vida  en la ermita de San Antón, o   tuvieron tierras y huertas en este lugar, como la de San Agustín, o la de los frailes del Convento de la Victoria,  teorías todas admisibles, pero difícilmente demostrables.

 La cultura árabe dejó constancia de haber poblado estos lares antes de que se hubiese llevado a cabo la conquista de Málaga por los Reyes Católicos, como confirma el hermosopilón  cercano a la entrada de la que fuese ermita de San Antón, sobre el que hay una bella pieza de mármol escrita en árabe antiguo.

La casa donde permanece la ermita, es de origen solariego, siendo considerada la más antigua del Cerro de San Antón por estar levantada sobre una construcciónoriginal árabe en 1496.

 

Igual o parecidas  muestras de haber sido habitado el lugar por entonces, nos la ofrecen las magníficas piezas de cerámica descubiertas en unas excavaciones cercanas a las Cuatro Esquinas, consistentes en fuentes, platos, jarras y otros utensilios de uso doméstico, casi todas en buenas condiciones, al menos las que tuve la posibilidad de ver, tocar y fotografiar.

 Los arqueólogos de la Excma. Diputación, a quienes fueron mostradas las fotografías, confirmaron su indudable pertenencia a la época nazarí, según “informe sucinto sobre un conjunto de material arqueológico procedente de la zona del Palo (Málaga)” en el que se describían textualmente: “como un conjunto de material perteneciente al siglo XV (de tipo Nazarí) existiendo también algunas piezas cristianas (principio del siglo XVI).

      Es posible que en otras excavaciones se haya podido encontrar más material artístico y domestico; no obstante y como dice el refrán: “para muestra con un botón basta”, ya que con este hallazgo se reafirma el conocimiento de que la zona fue habitada en época nazarí.

     Actualmente no se tiene conocimiento ni constancia, de que hayan existido hornos alfareros en esta zona  del Palo,  por lo que hemos de creer que estas piezas debieron fabricarse en algunos de los existentes en los arrabales de la ciudad, como el complejo alfarero del Carmen, también llamado Al-Tabbanim, localizado al oeste del río Guadalmedina, con un entramado urbano que se remonta al siglo X, o el de Fontanella al norte de la ciudad, donde se desarrollaron practicas alfareras desde la época romana, de cuya  su existencia se tiene constancia desde los siglo XI-XII;

     Estos bellos utensilios de uso doméstico, también pudieron ser fabricados en el espacio interior que ocuparía la medina,  donde esta práctica alfarera llegó a ser un trabajo de excelente calidad, renombre e importancia económica, llegándose a exportar a todas las ciudades importantes de España, Europa y África.

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