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Un España B-Italia B enlazó Madrid y Barcelona

24/12/2016.

En 1958 se inauguró el repetidor de La Muela, que permitía conectar la señal de televisión entre la meseta y Cataluña, Texto. Alfredo Relaño

Selección española B en un partido disputado en San Sebastián. De pie y de izquierda a derecha: Araquistain, Rodri, Mestre, Ruiz Sosa, Del Sol, Sastre

Selección española B en un partido disputado en San Sebastián. De pie y de izquierda a derecha: Araquistain, Rodri, Mestre, Ruiz Sosa, Del Sol, Sastre

Esta selección sub-21 que hoy se juega el tipo ante Estonia en Pontevedra, no existió siempre. Sus tareas principales (representación olímpica, en versión sub-23, y campo de fogueo para el primer equipo), se las repartían tiempo atrás la Selección Amateur y la B, que llegó a gozar de un rango enorme.

 

La Selección Amateur nació en 1953, para los Juegos Mediterráneos. Había un remoto antecedente, en 1928, cuando España envió a los JJ OO de Ámsterdam un equipo sin profesionales. Por eso fue algo aislado. En aquel de 1953 estaban Joanet, Olivella y Santamaría, que luego harían larga carrera en Primera. En 1958 se repitió la experiencia, para un llamado torneo de la FICEP (con San Román y Félix Ruiz como nombres significativos) y en 1963 volvió a los Juegos Mediterráneos, con un equipo que fue ya el que aspiró a los JJ OO de Tokio, primeros a los que intentamos ir desde la guerra. En aquel grupo el portero era Rodri, que luego triunfó en el Atleti, y contenía futuras celebridades como Grosso, Uriarte y Velázquez. Aquellas selecciones estaban formadas por jóvenes con futuro a los que se mantenía con ficha de aficionado, aunque cobraban por lo bajinis, como ocurría en el baloncesto, donde el amateurismo ya era cosa del pasado. Se acuñó el término de amateur marrón. Las peripecias de aquel equipo no despertaban entusiasmo. El fútbol olímpico era entonces predio de los países del Este de Europa, que no reconocían el profesionalismo, pagaban a sus jugadores con empleos del Estado y llevaban a los JJ OO a los mejores. En la práctica, nuestra Selección Amateur era una sub-21, pues llegados a esa edad, o antes, ya se hacían ficha profesional. La sub-23 como tal nació en 1967, para torneos específicos de la categoría. Ahí aparecían ya Reina, Marcial, Lico, Claramunt, Arieta II, Vavá… Con el tiempo, heredó el compromiso de pelear el frente olímpico, en especial desde Seúl.

 el duelo de La Romareda entre los equipos promesas lo ganó 3-1 España gracias a los tres goles de Peiró

 

 

 

 

 

Selección española B en un partido disputado en San Sebastián. De pie y de izquierda a derecha: Araquistain, Rodri, Mestre, Ruiz Sosa, Del Sol, Sastre y Pesudo. Agachados: Torres, Peiró, Pepillo, Ribelles y Collar

 

Pero si la Selección Amateur no llegó a prender en la afición, la B, pórtico de la A, sí. En tiempos de poco fútbol televisado, de gran afluencia a los campos y de pocos partidos anuales de la A (menos de un tercio de los de ahora), atraía las miradas. Era como un examen de selectividad que el aficionado miraba con el máximo interés.

Se creó en 1949, para un amistoso con Portugal. También con un precedente remoto, otro España-Portugal, este en 1927, que coincidió en día (29 de mayo) con un Italia-España. La Federación concertó los dos partidos para el mismo día. A última hora decidió enviar a los mejores (con Zamora a la cabeza) a Italia, mientras dejó para recibir en Madrid a Portugal a los once siguientes. Pero fue algo casual, fruto de una mala planificación. Los dos partidos se concertaron como de primeras selecciones. España hoy lo tiene incluido en categoría B, pero para Portugal fue A.

La B de los cincuenta fue otra cosa. Fue un intento concienzudo y duradero, compartido con otros países, de crear una antesala de la selección A. Concertaba partidos (en torneos ad hoc o amistosos) contra equipos B de otras naciones futbolísticamente fuertes, o contra selecciones A de las que lo eran menos. Disputó en total 21 partidos entre 1949 y 1964, con una coda posterior de 7 de la que luego hablaré. Su cénit fue la III Copa del Mediterráneo, en la que tomaron parte España, Italia y Francia con su equipo B, y Grecia, Turquía y Egipto con el A. La ganó España, con ocho victorias, un empate y una sola derrota, en la salida a Grecia. Las victorias en Francia e Italia fueron celebradísimas. Y el partido de vuelta con Italia, en La Romareda, penúltimo del campeonato, fue un estruendo. Se jugó el 16 de octubre del 58, como cierre de las Fiestas del Pilar.

Para aquel partido se inauguró el repetidor de La Muela, lo que permitía conectar la señal de televisión entre la meseta y Cataluña. Se televisó y fue la primera transmisión que alcanzaba simultáneamente a Madrid y Barcelona. Entonces había aún pocos televisores, pero aquello creó el ambiente para que la transmisión de un Madrid-Barça el 15 de febrero siguiente agotara en una semana los 6.000 televisores de existencia en las tiendas de Barcelona.

La prensa se volcó en la visita de Italia, en la que entre otros jugaba Cesare Maldini, ya una celebridad en el Milán. La víspera acudieron al Sacrario Militare de la Iglesia de San Antonio de Padua, a depositar flores en memoria de los soldados de Mussolini que acudieron a luchar en La Cruzada, como decía la prensa de la época. Omitía la noticia que tras la muerte de Mussolini (que sufragó el mausoleo) el nuevo Gobierno italiano exigió que fuesen enterrados también allí los restos de combatientes de la Brigada Garibaldi, que luchó por la República, requerimiento que Franco cumplió a desgana y con muy pocos. A la tarde fueron a los toros. Su delegado anunció en la víspera que elevaría una protesta si jugaban Gensana y Collar, de los que había leído en Marca que habían formado ya más de dos veces en la A, lo que les imposibilitaría para jugar en la B. Y tenía razón, según las normas del torneo, pero nos hicimos los longuis y coló.

En 1958 se inauguró el repetidor de La Muela, que permitía conectar la señal de televisión entre la meseta y Cataluña

 

 

 El día del partido el lleno es tremendo. En el curso de la jornada, se producen dos anuncios llamativos, las retiradas de Coppi y Fangio, los dos superfenómenos de la época. Parecía que el mundo se quedaba sin ruedas. Pero no sin balones: uno de ellos rodó en La Romareda, Peiró marcó tres goles y España ganó 3-1. Cuatro años después, cuando fichó por una millonada por el Torino, muchos interpretaron que el interés italiano por Peiró empezó a nacer esa tarde gloriosa de La Romareda.

Aquella selección B se transmutó a partir de 1960 en Selección Promesas, con el límite de 21 años, dentro de una política sub-21 de carácter general. Aquí la llamamos Promesas, en Francia, Espoir, en Italia, Primavera, y así sucesivamente. Ahora se ha impuesto sub-21, para algunos La Rojita. Para los asaltos olímpicos se alarga a sub-23, según acuerdo de la FIFA y el COI.

En 1980 hubo un intento, a cargo de Luis Suárez y Santamaría, a la sazón técnicos de la Federación, de relanzar la B, con vistas al Mundial de España. Pasado este, desapareció por completo, dejando una estela de siete partidos.

De sus viejos buenos tiempos de la B queda aquella Copa del Mediterráneo, con los ocho goles de Badenes, un rematador seco y fiero que llegó a compartir Pichichi con Di Stéfano, las nueve presencias del genial melillense Pepillo, que no le abrieron las puertas de la A, los dos oriundos (Eulogio Martínez y Villaverde) que jugaron en ella, la formidable alternancia en la portería entre tantos (Alonso, Carmelo, Vicente, Araquistain, Pazos…) que hacían cola tras Ramallets en la A…

Y, sobre todo, aquel glorioso partido de La Romareda, que enlazó televisivamente a Madrid y Barcelona.

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