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CANCANILLA DE MARBELLA, UN CANTAOR CLÁSICO

06/02/2017.

Si su tierra fuera agradecida tendría a este cantaor como embajador de la ciudad donde creció y se dio a conocer como artista flamenco, pues lleva toda su vida difundiendo el nombre de la misma por todo el mundo; pero, aquí parece como si no existiera siendo como es uno de los pocos cantaores profesionales que han nacido en Marbella –a la que por cierto tiene dedicado el cante «Bulerías de Marbella»-, así reconocido en toda España y fuera de ella. Texto. Paco Vargas

Cancanilla de Marbella con Antonio Moya en las VI Jornadas Flamencas de Valladolid

Cancanilla de Marbella con Antonio Moya en las VI Jornadas Flamencas de Valladolid

Casi nunca lo vemos en los carteles de los festivales de la zona (Marbella, San Pedro, Ojén, Fuengirola, Mijas, Estepona, etc.), ni se acuerdan de él para que luzca en los teatros ni en las peñas flamencas de Andalucía. Quizá porque no sale en la televisión ni su fama alcanza a la de otros que siendo de inferior calidad siempre encuentran un hueco en las programaciones culturales de Ayuntamientos, Diputaciones y Junta de Andalucía ya sea a nivel local, provincial o regional.

 
Aunque desde muy joven reside en Madrid, donde siempre ha estado en los mejores tablaos, Sebastián Heredia Santiago, “Cancanilla de Marbella” –fue su padre, “El Chanete”, que era tratante de caballos, quien le puso el nombre artístico-, nació, en 1951, en  Marbella.
 

 

Cancanilla de Marbella con Antonio Moya en las VI Jornadas Flamencas de Valladolid
(Foto:Mar i Luz)
Cantaor y bailaor –que así se ganaba la vida cuando apenas era un niño actuando ante los turistas que llegaban en los años sesenta-, es hijo de la cantaora no profesional María Santiago –ya fallecida- y hermano de Joselito “El Mojo”, cantaor muerto prematuramente, “La Chichi” y “Taroque”, dedicados al baile flamenco y hoy retirados de la escena. Se inició en los tablaos  locales “El Platero”, “Ana María” y “La Pagoda Gitana”. Pasó luego por la compañía de José Greco, con la que viajó a Nueva York  con artistas de la talla de Rafael el Negro, Matilde Coral y Farruco, y por los tablaos madrileños “Los Canasteros”, “Café de Chinitas”, “Villa Rosa”, “Caripén”, “El Corral de la Morería” o “Torres Bermejas”.  En ellos  alternó con la plana mayor del flamenco y aprendió los secretos del cante y del baile. Formación que fue completando y que le sirvió para conseguir en 1998 el “Premio Enrique El Mellizo” en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, a partir del cual relanzó su carrera como cantaor que le llevó a ser uno de los artistas más solicitados y, lo que es más importante, a ser reconocido por los aficionados de Andalucía.
 
Ha grabado dos discos colectivos y cuatro en solitario. En su último CD en el mercado, “Entre viejos zarzales”, ha conseguido una obra redonda, madura, hermosa, emocionante, exenta de artificios, sin ojana ni ruidos de hojalata, llena de verdad y plena de esencia jonda. Ni más ni menos que un disco de cante flamenco, engrandecido por las extraordinarias guitarras del maestro granadino Juan Carmona “Habichuela”, su hijo Juan Carmona, Chaparro de Málaga y el francés Antonio Moya. Todo ella interpretada con una voz tan flamenca que cada quejío es  una lacerante emoción cuando no un placer que únicamente el alma sería capaz de explicar. Por ejemplo, las soleares de María Santiago, su madre, no sólo son un emocionado homenaje a la mujer que lo parió, sino una aportación ignota para el común de los aficionados, que encontrará en ellas formas distintas de las conocidas hasta ahora. Y es que, cuando el cante se hace con vergüenza torera y sin engañifa, prevalece la grandeza de quien se siente depositario de la verdad y de la esencia.
 
Cancanilla es un cantaor de los considerados “largos”, por cuanto tiene un amplio y profundo conocimiento de los distintos palos flamencos, amén de un concepto propio del cante clásico y una indiscutible estética que refleja y defiende con exquisitez las escuelas de los dos cantaores que más admira: Mairena y Caracol. Si a eso añadimos su gran dominio del compás,  toda vez que posee una asombrosa cuadratura rítmica no sólo  cantando, sino cuando baila con arte por bulerías, pues hemos de concluir diciendo lo que ya muchos sabíamos y que otros desconocían aunque ahora parece que lo están descubriendo: Cancanilla es un extraordinario cantaor de “voz poderosa, caliente, íntima, esencial, entregada, dionisiaca, una voz preciosa y muy gitana; y, además, tiene una gracia natural innata que cautiva a todos. Es uno de esos cantaores nacidos para emocionar, porque está tocado por el arte, la gracia y el soniquete.” Si nuestra tierra andaluza fuera agradecida se sentiría orgullosa de él y  haría lo imposible por apoyar a este artista grande para darlo a conocer al gran público del mundo

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