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Efemérides paleñas
CRONICA DE LA VISITA DE ALFONSO XIII A LA BARRIADA DE EL PALO EL DIA 1 DE MAYO DE 1904.

10/03/2017.

Todos o casi todos los periódicos malagueños de la época, informaron de la visita del joven monarca Alfonso XIII a Málaga, entre ellos La Unión Mercantil y El Cronista, cuyos periodistas cubrieron todas las visitas que efectuó el Rey en la ciudad, de las que ofrecieron una detallada información a sus lectores en las ediciones del dos de mayo de 1904. FUENTE. El Palo Tierra de Viñas y Mar Autor. J.A. Barbera

Aquellos datos del seguimiento real han servido de base para que hoy, pasado más de cien años, revivamos  la ilustre visita que hizo Su Majestad a nuestro barrio.

     No se han llegado a conocer las causas que motivaron el real desplazamiento a la modesta y pequeña barriada de pescadores que era por entonces, aunque puede pensarse que fue solicitada por el propio monarca, ante el deseo de conocer el mismo lugar que visitó su padre Alfonso XII con anterioridad, de donde tan gratos recuerdos guardó, ya que obtuvo de sus humildes habitantes los mayores obsequios que estos poseían: el afecto y una sencilla pero exquisita moraga de pescado.

     Sin dar mayor importancia a la motivación que hasta aquí le trajo, lo cierto es que aquel domingo día 1 de mayo de 1904, con buen tiempo, el rey pasó una jornada en las playas del Palo en unión de sus pobladores, la mayoría jabegotes y marengos.

     Desde mucho antes de la hora anunciada para que llegase el rey al barrio, estaban colapsados todos los medios de transportes hacia el lugar, siendo imposible encontrar un coche donde poder trasladarse, y aunque se había aumentado el número de tranvías hasta El Palo, era poco menos que imposible, a decir de uno de los periodistas que cubría la noticia, “ocupar un punto en calidad de sardina en algunos de los estribos de los tranvías”

     Una numerosa asistencia, desafiando los rigores de la alta temperatura de ese día, marcharon andando para no perderse el acontecimiento de ver al Soberano en las playas paleñas, encontrándose en todos los caminos muchas parejas de la Guardia Civil y Carabineros, que custodiaban la carretera desde la avenida de Príes hasta el Colegio de San Estanislao. Ya cerca del arroyo Jaboneros, varias diablas formaban una caravana, cuyos ocupantes eran agentes de la policía secreta, que para no ser reconocidos, marchaban hasta El Palo de esa manera.

     Uno de los periodistas que siguió el evento narraba lo siguiente:

“No podía resultar más pintoresco de lo que aparecía el aspecto que presentaba esta extensa y simpática barriada. Su vecindario, gente pescadora en su mayoría, habíase dispuesto a recibir a su monarca dignamente, y ya que la miseria en que se encuentran aquellos pobres habitantes otra cosa no les permitía, revocaron las fachadas de sus humildes casas y viviendas, colocándoselos que en ellas moraban las mejores ropas de sus arcas, presentando al menos en sus vestidos alegrías que su angustiosa situación actual a causa de la pesca del bou y de los fuertes temporales del corriente año, no les toleraba mostrar como constante y verdadera.”

     En la calle del Mar aparecían colocadas a su entrada y salida dos bonitos arcos de ramajes, en cuya parte superior, se encontraban simétricamente dispuestas banderas y gallardetes con los colores de la bandera nacional, que ostentaban lemas alusivos al monarca. Se dijo que a partir de ese día a esta vía se le llamaría de S. M. el rey don Alfonso XIII, aunque probablemente el proyecto no se llegó a realizar.

     Al final de la calle San Andrés, se podían ver colgadas en las puertas y ventanas que daban a ella colchas blancas y de color, que ofrecían un conjunto vistoso y original. En la playa se había instalado una artística caseta adornada con flores, betas, redes, remos y otros atributos de la jábega.

     En el centro se colocó un sillón de terciopelo rojo con un cojín del mismo color de seda bordado, con objeto de que don Alfonso presenciase desde dicho sitio las operaciones necesarias para sacar el copo. La tribuna estaba alfombrada con flores en toda su extensión, que era de diez metros de ancho por 24 de fondo, cubriéndose el techo con los colores nacionales y adornados con guirnaldas de flores.

     En uno de sus laterales se había preparado una mesa y los elementos precisos para hacer una hoguera donde preparar los espetones de sardinas que se le iban a ofrecer al monarca, para que probara esta forma especial de preparar el pescado, igual que años atrás hizo su padre.

 

     Estando la comitiva ya en el barrio, muy cerca del colegio de San Estanislao, el caballo de uno de los guardias civiles, escolta del coche del Gobernador Civil, tuvo la desgracia de resbalarse y caerse al suelo, arrollando a un chiquillo de once años, Antonio Peñas, que recibió diferentes contusiones en la pierna izquierda y cara, que tras ser atendido en la casa de socorro del Palo, fue trasladado al Hospital Civil. El guardia civil, llamado Francisco Díaz Torres, también sufrió contusiones en la caída, que fueron curadas en el Hospital Militar.

     Momentos antes de las seis de la tarde, los alegres repiques de las campanas de la iglesia de Nuestra Señora de Las Angustias y del Colegio de San Estanislao, anunciaron la presencia de la comitiva real en el barrio, que a pesar de sus carencias también se había vestido con sus mejores galas, y fue saludada con grandes aclamaciones, viéndose por todas partes banderas, gallardetes, colgaduras y flores, sobre todo muchas flores.       Inmediatamente se dispusieron las fuerzas de la guardiacivil y de carabineros allí destacadas, a mantener el orden entre la apiñada muchedumbre que ocupaba por completo los alrededores del lugar señalado para sacar el copo.

     Los carabineros, formando una fila doble, procuraban mantener libre la parte de la playa, mientras la guardia civil cubría desde el comienzo de la calle Mar hasta la caseta. Poco después, la presencia del joven monarca fue saludada con estruendosos aplausos y continuados vivas, a los que el rey correspondió saludando militarmente a la considerable multitud allí reunida.

Ese día se realizó un sorteo especial para que algunas barcas saliesen de nuevo a la mar, y que su majestad viese cómo se echaba el copo, tocándoles en suerte a las cinco embarcaciones siguientes:

Primera: “Bangarra”, de la que era patrón Antonio García.

Segunda: “Virgen del Carmen”, su patrón era Francisco de Castro.

Tercera: “Virgen de la Victoria”, patroneada por Rafael Galán.

Cuarta: “Francisca”, patrón Francisco Leiva.

Todas ellas llevaban el mismo número de tripulantes: 25.

La quinta era “María de los Remedios”, con 23 hombres como marinería,

siendo su patrón Matías Rodríguez Román.

Las barcas “Bangarra” y “Francisca” estaban adornadas con atributos de pesca y guirnaldas de flores, quedando en la plaza situadas a izquierda y derecha de la tribuna regia.

Tras las oportunas órdenes para echar el copo, entre aplausos y bravos descendieron al agua las dos últimas barcas indicadas, que a pocos metros de la orilla echaron las redes, que sacaron muy poco pescado al ser recogidas, ya que la distancia a que se hizo el lance era muy corta a fin de que el rey viese cómo se efectuaba, y no se tardase demasiado en finalizar el acto.

El soberano siguió muy interesado en la labor que estaban realizando los pescadores, y examinó un marrajo que había sido pescado a tres millas de la costa aquella misma mañana por la barca María de los Remedios, mientras el Ministro de la Marina general Ferrándiz, le iba pormenorizando los detalles de la pesca. Una vez acabada la demostración, y antes de que Su Majestad se marchase, sin poder degustar la moraga por haberse hecho muy tarde y tener don Alfonso que asistir al banquete del alto comercio, la niña Rosario Castro Sánchez, puso en sus manos una instancia firmada por los pescadores, donde le pedían que se prohibiese la pesca del bou(pesca de arrastre) en las condiciones que se estaba haciendo; también le fue entregado por María Toledo un memorial, en el que le pedía el indulto de la condena que sufría su hijo en el penal de Las Cuatro Torres de San Fernando.

Probablemente la anécdota más curiosa fue protagonizada por el vecino del barrio llamado Luque Román,  que acercándose a Alfonso XIII, le entregó un cilindro metálico cuyo interior contenía un cigarro puro habano, que guardaba como un tesoro al haber sido un obsequio de Alfonso XII, a quien indicó cómo se comían  las sardinas al estilo de nuestra tierra.

Una vez atendida las peticiones, el rey se despidió de quienes continuamente le vitoreaban, se montó nuevamente en su carruaje y emprendieron el regreso a la capital, donde era esperado en la Aduana para la cena de gala.

 

                                                                José Antonio Barberá

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