Asociación de Vecinos de El Palo

El Copo Digital Actualidad

Opinión
LA TERNURA

19/03/2017.

La ternura de la fragilidad, la ternura de sentirse protegido y querido, la ternura de los instante vividos apasionadamente desde la simple complicidad de quienes se aman, se necesitan, se abandonan a la inercia de sus juegos y sus risos. Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Yo aguardaba la llegada de mi padre del trabajo, cuando yo aún era un mocoso de seis u ocho años y mi padre un gigante invencible, presto a venirse hacía mí, llegando de la calle por el pasillo en penumbra, para cogerme en sus brazos, elevarme sobre su cabeza y su fuerza descomunal, tal y como yo lo apreciaba, para ponerse inmediatamente a jugar un rato conmigo, incluso antes de haber saludado a mi madre, seguro, en unas imágenes entrañables de las que no me quiero desprender, tal vez porque me daban tanta fuerza.

Recuerdo entonces que solíamos jugar a "boxear", los puños en posición, los míos diminutos, los de mi padre curtidos e imponentes, entre risas, medias cosquillas y crochets al aire o al mentón, a cámara lenta cuando mi padre hacía por acertar, al flato, con todas mis infantiles fuerzas cuando era yo el "bombardero".

Recuerdo esas escenas con ternura y con nitidez. En un intercambio de "golpes" que nos hacían reir a ambos hasta destornillados y acabar fundidos en un abrazo.

Pero también recuerdo una ocasión, jugando a "pelearnos", que en un momento, entregado yo a la "fiereza" de la pelea "solté" mi brazo de niño, con mi puñito muy cerrado, tal vez a la boca del estómago de mi padre . . . dejándole por un instante sin respiración.

Fueron unos segundos, seguro, pero suficientes para no volver a querer jugar a ese "maldito boxeo" que había hecho daño a mi padre. En un segundo había entrevisto una expresión que no quería volver a contemplarla, porque yo quería tanto a mi padre que entonces sólo necesitaba sus abrazos, sus besos, sus risas y su empeño de "agigántame" subiendo a su hombro para que yo lo pudiera acaparar todo . . . desde allá arriba.

Y entonces la ternura sobrevolaba para quedarse como una imagen fija y sentida que jamás me ha abandonado.

Desde entonces, de cuando mi padre volvía a casa del trabajo y yo corría a recibirlo. Con la simpleza y la ternura de un mocoso de seis años llegando a abrazarse con su padre.



Torre del Mar marzo – 2.017

2439004 visitas. Asociación de Vecinos y Vecinas de El Palo © 2017. Info. legal
Diseño web AgeO