Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
L A B A N D A

28/04/2017.

Evocación entrañable, la banda municipal de música de mi pueblo, a la hora del paseo y el vermú. Recuerdos imborrables y emocionados de cuando, tras haber salido de misa de doce, hacíamos un alto para acercarnos, mis padres, mi hermana pequeña y yo, al templete modernista que ocupaba el centro, un claro amplio entre los parterres del parque principal de mi pueblo natal, para escuchar los compases, los sones delicados y ensayados de la banda de música municipal, de uniforme y firme ademán. texto. Antonio García Gómez

Los domingos de familia y paseo dominical, con el regalo del mediodía de la banda desplegando pasodobles y marchas zarzueleras de raigambre patrio, de sentido hondo y cercano para un vecindario amable y cumplidor con el precepto dominical, en la paz provinciana de quienes éramos esforzados compatriotas, unidos nos repetían, en "un destino universal".

Y recuerdo aquellos ratos de una concurrencia tranquila, puesta en pie, respetuosa y presta a ovacionar a "su banda de música", mientras los niños, que aún lo éramos, corríamos entre las piernas de los pacientes convecinos, mientras grabábamos en nuestra inconsciencia infantil aquellas mediodías de domingo, escuchando a la armoniosa banda de música de nuestro pueblo, a golpe de torero pasodoble, al toque imperial de las trompetas interpretando "Nerva", para culminar en el solo . . .muy ovacionado, siempre, tan capaz de enardecer a la improvisada audiencia.

Tras el concierto al aire libre las familias nos esparcíamos al paso, del brazo, de la mano, para terminar "alternando" en los bares del gusto y de costumbre, abarrotados. Mi familia solía acercarse a la barra de "Las Nieves", tan céntrico, a tomar el vermú los mayores, a unos mostitos con aceituna para los pequeños, con unos pinchitos de gambas rebozaditas que aún me saben bien, desde hace tanto . . . ofrecidos desde una barra colmada de pequeños manjares, al dictado sabio y diligente del inolvidable "Manolo".

Y así con los compases recientes de los pasodobles orquestados por nuestra insigne banda de pueblo, al rescoldo del tibio sol primaveral, la familia bien, gracias, con el estomaguito cumplido del aperitivo, aún con el palillo hurgando mínimos sabores que se negaban a perderse, la familia muy bien, gracias, se encaminaba a casa, habiéndose adelantado la madre para ir echando el arroz, para que estuviera al punto, para que casi no tuviéramos que aguardar, mientras la familia se habría de reunir, tal vez feliz, seguro que unida y resuelta, los domingos flan de postre, al paso alegre y bravío de "España cañí" en los oídos y los corazones, bendición antes de comenzar a comer, aquellos benditos domingos y fiestas de guardar, repartido el pan con orden y equidad, . . . que hoy evoco mientras evoco los sones de "la banda de mi pueblo, a las órdenes del director Solabarrieta" de inolvidable recuerdo, bien "plantao", de uniforme de gala y gorra de plato, al frente de sus músicos, el de la tuba un gigantón, el del tambor un petimetre de escaso fuste, los clarinetes en orden y armonía, los saxofones tan serios, tan marciales, las tormentas marciales, las flautas gráciles, imprescindibles, la caja retrechera, . . . mientras hoy sorbo una caña fría, al sol naciente de abril declinando, cincuenta años después, idéntica parafernalia, en mi pueblo actual, al pie del paseo principal, nutrida la concurrencia dominguera, la "banda municipal de música" airosa y evocadora . . . brindando los pasodobles de siempre, los pasodobles de la banda sonora de mi vida . . .ya madura.

Los pasodobles consustanciales y entrañables de nuestro pasado reciente, que conmueven y permiten reconocernos compatriotas, envueltos en aires de verbena y miradas cálidas, bajo los farolillos de las noches de amor y música muy nuestra, girando y girando al son de "nuestros pasodobles", inolvidables, . . .

Como cuando hoy, escuchando la música de la banda municipal, de una población cualquiera, a orillas del Mediterráneo, he creído que sólo podía sentirme . . . afortunado de haber podido vivir aquellos mediodías domingueros en mi infancia, ya tan lejana . . . ahora mismo que escucho "Suspiros de España" y no puedo dejar de abandonarme a un suspiro de agradecimiento a tantos . . . pasodobles escuchados. Torre del Mar 24 – abril – 2.017

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