Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
P A D R E S . . .

30/04/2017.

"¡Yo creo a mi hijo, y mi hijo dice la verdad . . .!", dice el padre, contundente, y entonces ya no hay nada más que decir, ¿o qué?. Padres, soñadores, frustrados y violentos, padres malnacidos y cobardes, desde las gradas acompañando a sus pequeños, padres, rufianes de insulto fácil, defensores de sus hijitos a cara de perros . . . rabiosos. Padres merodeando cerca de sus retoños, vigilando sus cabriolas, sus azares y ansiedades, alimentando de mala saña el juego infantil que pervierten, desde la misma línea del campo de juego Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Padres airados, viles y dañinos, protectores de sus hijos que corren y sueñan lo que han soñado antes sus padres, por la cuenta que les vaya a venir encima, desde la mala baba de su inhumana fruición desatada, en nombre de sus complejos mal tratados, en aras de sus pequeños, futuros triunfadores, pese a todo y todos, aunque no haya manera de asegurarlo.

Padres vigilantes de sus pequeños, para que, al cabo, no tengan escapatoria.

Yo jugaba al fútbol de niño, en campos de tierra y pedrilla, de carbonilla, irregular, con porterías inmensas, con porterías señaladas por un par de piedras, en los recreos y en las campas, en equipos multitudinarios de chavalería voluntariosa, en equipos seleccionados "a pies", en equipos federados, con carné, en alevines, en infantiles, en juveniles, con ardor y pasión, a ganar y a no perder, con ilusión desatada, . . . sin que mis padres vinieran a verme, aunque supieran dónde estaba y en que andaba pasando el tiempo.

Mi madre me tenía a punto la equipación para cada partido y los sábados me refrotaba las rodillas con estropajo hasta casi desollarlas. Mi padre me llevaba los domingos a ver al equipo de mi ciudad, El Mirandés, el equipo rojillo, de camisola roja y pantalón negro. Aunque mi equipo de y para siempre era el Athlétic de Bilbao.

Por lo demás soñábamos cada semana en el partido de cada sábado o domingo, con la ilusión de que te alinearán, para darlo todo, corriendo sin parar hasta el pitido final, sin un mal recuerdo de cualquier protesta que significara contradecir la decisión del árbitro, hiciera quien hiciera de árbitro, sin que supiéramos poco más de quien fuera a dirigirnos el fair play dado por supuesto y exigido.

Y mis padres me preguntaban que qué tal me había ido la tarde o la mañana y poco más.

Llegué a jugar en el Bilbao Athlétic de tercera a lo largo de una temporada, luego sencillamente pasé a formar parte del novecientos noventa y nueve por mil de quienes habiendo jugado con gran afición al fútbol no llegamos a poderlo hacer ni en primera, ni en segunda.

Mis padres jamás imaginaron otra cosa que lo que fui forjando, con mayor o menor acierto, para abrirme paso en mi vida, sin que el éxito futbolero formara parte de alguna posibilidad cierta.

Desgraciadamente, hoy en día, muchos padres pretenden participar, formar parte de los juegos y prácticas deportivas que sus hijos llegan a realizar bajo el ojo justiciero, la óptica subjetiva, el celo mezquino y vil de quienes solo intentan, algunos o bastantes padres, supervisar "las carreras deportivas" de sus hijos cuando sólo . . .están jugando.



Torre del Mar abril – 2.017

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