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Opinión
"LA MAR DE BIEN"

06/06/2017.

Probablemente se le quedó a Juan Goytisolo lo de "la mar de bien" para contestar a quien le requiriera de su estado de ánimo, de conocer y de estar, como cuando nosotros, también de niños, utilizábamos esa rotunda afirmación para salir de apuros para cuando quisieran saber más de lo que uno querría explicarse. Texto. ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Y me imagino a Juan Goytisolo, el Juan niño, hombre y anciano, de mirada triste, desde cuando su madre murió, en su Barcelona natal, víctima de un bombardeo vil y cobarde a la población civil.

Y también me lo imagino, silencioso, sosegado, tomando su té diario, sentado junto a sus conocidos y amigos, de esos con quienes no tienes que justificar los silencios reconfortantes, en el refugio que encontró en Marrakech.

Juan Goytisolo "incapaz de decir gritando lo que sentía", porque "su dolor por España s edecía con pocas palabras".

Y por eso Juan Goytisolo se fue a buscar la España profunda, por ejemplo, a La Chancla, en Almería, de aquella España que no se daba a conocer, que no se conocía y sin embargo también tenía alma, el alma que puso a disposición de quienes más sufrían y malvivían, porque como decía Juan Goytisolo "la dictadura nos dejó su estercolero".

Tal vez por todo ello y por amor a "las cigüeñas" que anidaban sobre las murallas del palacio real. Las seguía y las aguardaba a que regresasen "por las tardes" a sus nidos, hasta el punto de "haberles puesto nombre a cada una", mientras relataba "leyendas bereberes según las cuáles las personas se transformaban en cigüeñas para conocer el mundo".

Como lo intentó también Juan Goytisolo, a quien "le gustaba el colorido, la vitalidad, el caos, el mercadeo, los olores y las palabras de los contadores de historias, casi todos analfabetos". . .

Y después de visitar lugares y pueblos tan distintos, Juan Goytisolo solía regresar a "la terraza del café al Badi, citándose con sus amigos para tomar un té al caer la tarde frente a los imponentes nidos de cigüeñas sobre las murallas de palacio".

Y por eso regresaba, a menudo, Juan Goytisolo a su respuesta favorita: "La mar de bien", cuando el indómito "heterodoxo" no cayó jamás, desde la pena infinita por haber perdido a su madre de manera tan cruel... descubriéndonos "la venta de los caminos, los milagros de la letra"... gracias a la posibilidad que nos permita convertirnos, a cada lector en otro y otro Quijote, "libres de encantamientos y tiranías".

"¡La mar de bien!", por siempre ¡Juan Goytisolo!.

 

Madrid 5 de junio de 2.017

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