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Homenaje mundial a un mito del fútbol

18/02/2008.

"No me lo merezco, pero lo trinco" Di Stéfano recibe emocionado el premio Presidente UEFA y dice que nunca quiso ser idolatrado

Di Stefano, junto a Platini presidente de la UEFA

Di Stefano, junto a Platini presidente de la UEFA

Todos los niños sueñan con tener un abuelo como Alfredo Di Stéfano. Por divertido, listo, sincero, entrañable y cariñoso a su manera. Y porque a sus 81 años tiene tantas anécdotas sobre fútbol que podría estar hablando durante días y días. "El fútbol me lo ha dado todo. Siempre lo he entendido como un juego de equipo y siempre he dicho que no quería ser idolatrado, sino jugar, y para eso hay que correr y sudar", dijo ayer en el día de su homenaje. Recogió de manos de Michel Platini el premio Presidente UEFA bajo la mirada de otras memorias vivas como Eusebio, Gerd Müller, Raymond Kopa y Just Fontaine entre otros. No faltaron ex compañeros como Santamaría y Gento. Y, mientras este último entraba al palco del Bernabéu como un cohete esquivando a cualquiera que se le acercara, Eusebio se sentó durante media hora en un sillón blanco del antepalco mezclado con los periodistas contestando a cualquier pregunta entre una llamada a África y otra.

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Platini: "Trajo a Europa un tango de técnica y aceleraciones abrumadoras"

Ramón Calderón, el presidente del Madrid, quiso organizar un gran homenaje mundial para rendir tributo a un mito del fútbol que ganó las primeras cinco Copas de Europa del Madrid. "Es el responsable de que nuestro equipo traspasara fronteras", advirtió antes de descubrir la estatua que Pedro Montes diseñó para él y que será colocada en la entrada del estadio que lleva su nombre en la ciudad deportiva del Madrid y que alberga los partidos del Castilla. Dos metros y medio de altura y 400 kilos de bronce y piedra que retratan a un Di Stéfano celebrando un gol con los brazos levantados. "Quiero que esos brazos sean un sinónimo de los abrazos de cariño que les quiero dar a todos. A los compañeros de antes y a los de ahora, a todos los que compiten por ahí en el mundo con coraje y limpieza". Hizo levantar a todos, incluido Metzelder con sus muletas e incluido Diarra, al que sus compañeros le habían aconsejado quedarse sentado, ya que iba en chándal. Entre el público no estaban los ex presidentes Lorenzo Sanz y Florentino Pérez. Ambos se disculparon -el primero telefónicamente y el segundo a través de una carta- por la ausencia debido a "problemas personales".

"Se han pasado. No me merezco todo esto, pero, en fin, lo tengo que aceptar y, como se dice en estos casos, no me lo merezco, pero lo trinco", soltó con su habitual gracia Di Stéfano provocando las risas de todos menos la de Van Nistelrooy, que preguntaba a Soldado qué era eso de trincar. A La Saeta acababan de calificarle como el filósofo de la cancha del fútbol, el hombre genialidad y el tónico de la voluntad, el mensajero del juego limpio, el mejor embajador de España, el brujo del balón. Y él, con su inseparable bastón, confesó que temblaba de emoción mientras escuchaba las palabras de Blatter, Lissavetzky, Gallardón y Platini. Lo hizo sentado al lado del presidente del Madrid y haciéndole algún que otro guiño a Raúl y Guti. También estuvieron el ex presidente del Gobierno José María Aznar y el presidente del COE, Alejandro Blanco.

Quizás las palabras que más le emocionaron fueron las de Platini, al que el propio Di Stéfano quiso fichar cuando entrenaba al Valencia. "No me olvido de que fue el primer técnico extranjero que quiso tenerme en su equipo: en 1975", recordó el presidente de la UEFA antes de entregar el homónimo premio a la leyenda del Madrid. "Durante los próximos cinco minutos voy a asesinar la lengua castellana", advirtió. "Don Alfredo ha sido un grande entre los grandes. No se puede imaginar la historia del fútbol sin su extraordinaria presencia. Ha traído a Europa un tango hecho de una técnica individual perfecta y de unas aceleraciones abrumadoras", dijo; "tengo memorias en blanco y negro de una saeta rubia... Ha sido la personificación del fútbol mundial durante dos décadas. Ha sido un brujo del balón".

Y él, el brujo del balón, intentó tomárselo todo en broma. Subió al palco moviendo su bastón en el aire de un lado a otro y vivió el acto como si fuera otro partido más: "Gracias por haberme dejado jugar en casa, el avión no está entre mis aficiones favoritas". Tuvo que parar muerto de risas. Tenía cuatro folios escritos y acabó leyendo medio: "Río por no llorar". "El de hoy va a ser un partido muy duro. Llevo varias semanas de precalentamiento. He ido fortaleciendo los músculos de mi agradecimiento", dijo. El mismo que le mostraron ayer en el día de su homenaje.

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