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Urbanismo
Los pises de los canes

05/08/2017.

Tan queridos ellos y toda la ralea de mascotas que últimamente copan el corazón y los buenos sentimientos desbordados de la ciudadanía, por sus animales de compañía, felices ellos y sus amas y amos, en ese despliegue de gran amor, dicen que muy evolucionado, entre la especie homínida y el resto, prevaleciendo la de los cánidos, peros en general, de compañía, de defensa, de ataque ... vaya uno a saber. Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Reconozco el efecto benéfico de muchos perros para sus amas y amos, como para hacerles compañía, ofrecerles ocupación, algo de seguridad, al menos, como antaño cuando se disponía de un perro que avisara de posibles visitantes que fueran a acercarse.

Amén y en un lugar sobresaliente cabe destacar el servicio noble y abnegado de los perros de ciegos, los perros policías, los perros dispuestos a aprender y a servir, sin reservas.

Claro que, tal vez, la afición esté pasando a ser algo desmesurada, principalmente si luego hay que lamentar abandonos, malos tratos, peores aprendizajes.

De hecho se calcula que el número de perros mascotas ha aumentado casi hasta el punto de contabilizar uno por cada cuatro habitantes.

Y nada es reprochable salvo cuando no se sabe o no se quiere tratar bien al can o, lo que es peor, motiva y produce molestia, miedo, peligro ... para los vecinos, conciudadanos que ven alterada su tranquilidad, sin comerlo ni beberlo, incluso con el añadido de que pueda a no tragar al género cánido, es decir perturbar la convivencia cotidiana.

Pero enfín las tendencias crean moda y el seguimiento se hace efectivo, y aumentan los perros de todo pelaje que se convertirán en amantísimas mascotas, se supone, que por parte de sus amas y amos.

Y entonces se saca a los perros a pasear, a correr, y a que hagan cacas, que se recogen o no, depende del grado de responsabilidad cívica del homínido que lleva a su perrito a tomar el fresco ... por ejemplo. Aunque resulte cada día no "tentar a la suerte" al pisar un zurullo de "perrito del demonio", ¡del demonio del amo!, desde luego.

Pero ¿y del pis?, ¿aún no se ha inventado nada, ni se ha legislado nada al respecto?. Uno no sabe muy bien cómo están las cosas, aunque sí sabe muy bien que los perros amados mean donde les apetece, ante la complacencia del amo o ama que no pone pegas si "su can del carajo" levanta la patita para rociar una rueda de cualquier automóvil, un arbolito que pena por crecer en el tráfago urbano, en la esquinita de un portal, de un edificio, de una señal de tráfico, o ... en medio de la acera a chorro incontenible hasta dejar un buen charco de orín amarillo,m humeante y maloliente, valga el ripio.

Me comentaba una amiga en Madrid que, en muchas calles, cuando llueve no huele a agua caída del cielo, no, si no a "orín canino" diluido en efluvios que dan el oreo característico a demasiadas calles del callejero urbano. ¡Qué se le va a hacer! ... si el amor a los animales y en este caso a los perros nos convierte en ¿más cochinos, más sensibles, más estúpidos e incívicos?.

Pero uno no sabe muy bien y los perritos inundan la cotidianidad de los humanos, tan amantes de sus mascotas perrunas que van y mean, y marcan sus inútiles territorios con orín, y vuelven a mearse con ganas, y son miles, y son millones de pises diarios dejados al sol del asfalto, al oreo insoportable del pestazo de orines muy particulares de esos perritos tan amados, tan mimados, tan queridos ... ¡los perros meones!.

 

Torre del Mar julio – 2.017

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