Asociación de Vecinos de El Palo

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Opinión
Sabores de la infancia

07/08/2017.

De aquellos veranos infantiles, largos y deslumbrantes, de cuando nos mandaban "al pueblo", con la familia, para cambiar de aires, por lo de los "estirones" y el espabilamiento que se daba por imprescindible; sin querer olvidarlos, siquiera en la imaginación que se niega a desvanecerse y que lucha por recobrar aquellos recuerdos, aquellos sabores de la infancia que, a pesar de todo, será imposible recuperarlos. Texto: ANTONIO GARCÍA GÓMEZ

Cuando es tan fácil rememorar, como si de una melodía al piano fuese reconocible, en el remanso de sus sones placenteros, en medio de las evocaciones imprescindibles, cuando uno intenta "regresar" a aquellos tiempos de veranos cálidos y prolongados, en la aldea castellana que lo era natal de mi padre, adónde yo iba a pasar lo que se conocía como "una temporadita", con mi familia "del pueblo", con mis abuelos, tíos y primos, tan cariñosos conmigo, cuando solo era un mocoso de rodillas con postillas.

Y así suelo, pues, retornar, a menudo, a distancia de aquellos tiempos tan felices como salpicados de sensaciones alborotadas, de entonces, de cuando aún era incapaz de digerir y apreciar tanta intensidad, cuando despertaba a la vida desde una pubertad que sólo sabía sorprenderse ante tanto y nuevo hallazgo.

Y así entre esos recuerdos sobresalen los sabores, aquellos que no he podido recuperar, y, por lo tanto, poder volver a apreciarlos, tal y como soy capaz de revivirlos.

Y entre aquellos manjares, tan sencillos como sabrosos, como en cada inicio de cada mañana, entonces, cuando yo era un niño veraneante y forastero, en el pueblo de mi padre, y tras haberme lavado y vestido a la carrera, debía disponerme a desayunar.

Desayunar en aquellos tazones de loza blanca, a rebosar, sopas de pan blanco, de hogaza horneada con leña, empapados en leche, ordeñada al amanecer, hervida, suculenta, densa, logrando un maridaje perfecto, tan dulce como contundente, cucharada a cucharada, en aquellas mañanas de veranos infantiles, a la mesa con mantel de hule, en la cocina humilde, fresca y acogedora, mientras yo me engullía aquel apetitoso tazón de sopas de leche.

Para terminar cuanto antes pudiera con el formidable desayuno, para ir a iniciar la jornada de niño veraneante, de ciudad y algo relamido, para ir corriendo a la plaza del pueblo, bajo la torre de la iglesia, junto al abrevadero adonde ya habían acudido, madrugadores, los rebaños de ovejas, morrudas y dóciles, las mismas que ya riscaban lomas arriba, mientras íbamos forjando las travesuras diseñadas para cada nuevo día, antes de echar a correr, calle Mayor abajo, hacia el soto, a orillas del río Tirón, donde las mujeres del villorrio frotaban, lavaban y escurrían bien las sábanas y las mudas ... para ponerlas a secar sobre la hierba húmeda y crecida, mientras nosotros preferíamos ir al canal del molino para bañarnos, mientras cazábamos renacuajos y aguardábamos a que alguna culebra despistada intentara cruzar de lado a lado el canal de aguas frescas y profundas, mientras soñábamos y alcanzábamos la felicidad plena con nuestras barriguitas incipientes abarrotadas de ... inolvidables sopas de leche.

 

Torre del Mar julio – 2.017

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