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El capitán de un gran Málaga

18/05/2008.

José Arias, central canario del C.D. Málaga y capitán del equipo durante 12 temporadas, recuerda su paso por una formación que se convirtió en una de las más sólidas de Primera División

El central. José Arias, en la actualidad, delante del estadio de La Rosaleda.  Gregorio Torres

El central. José Arias, en la actualidad, delante del estadio de La Rosaleda. Gregorio Torres

ALFONSO VÁZQUEZ A los 71 años, a José Arias no se le han borrado ni el acento ni la simpatía que trajo de Canarias. Este futbolista nacido en la isla de La Palma en 1936, hermano de un jugador que apuntaba maneras de gran portero, desembarcó en tierras malagueñas en 1961, recién ascendido su equipo, el Tenerife, a Primera División. Tenía 24 años cuando debutó en el Málaga de Segunda División, el equipo de su vida.
"Cuando vine me pusieron de medio volante pero no cuajó y al siguiente partido me pusieron ya de central, mi sitio natural", cuenta.
Disciplinado y con tesón ("llegaba a los entrenamientos el primero y me iba el último", comenta), Arias se ganó durante doce temporadas el puesto de titular y a lo largo de diez el de capitán.
"El ambiente para ver al Málaga era impresionante, a pesar de que en la ciudad existía algún problema económico, llegamos a tener 20.000 socios", recuerda.
En doce temporadas: Américo, Ben Barek, Viberti, Migueli... muchos compañeros que consiguieron forjar un Málaga con un sello propio: "Teníamos un equipo aguerrido y buenos jugadores. Tuvimos una racha con Janos Kalmar de entrenador que le ganamos al Barcelona, empatábamos con el Atlético de Madrid, ganábamos a Las Palmas, Deusto ganó el trofeo ´Zamora´... la gente decía ´cuidado que viene el Málaga´, porque estuvimos varios años siendo una de las defensas menos batidas".
De hecho, el Valencia que entrenaba Di Stefano le debe uno de sus títulos de liga, en buena parte al Málaga, que a falta de tres jornadas venció a domicilio al Barcelona.
Su tesón y buena preparación física, que comenzó en su adolescencia en la isla de La Palma manejando una gran prensa para mosaicos, le ayudó a superar una gravísima lesión, producto de una entrada. "Me dijeron que tardaría en recuperarme año y pico y estuve jugando a los cuatro meses", ríe.
A lo largo de su carrera como malaguista vivió dos descensos a Segunda y tres ascensos a Primera. De estos últimos, recuerda uno en el que el Málaga, tras vencer fuera, llegó en avión y se desplazó hasta la estación, "y allí todos los coches de caballos eran para nosotros, eso fue una fiesta impresionante, un ´paseo triunfal´ muy bonito por las calles de Málaga, con una multitud por las calles".
Llegó a cobrar por temporada unas 200.000 pesetas. "Era dinero en esa época. En un año, con los sueldos y la prima podía comprar dos pisos; las cosas valían también menos".
En esos años sesenta y primeros setenta también existía otra forma de vivir el fútbol. "Era de más entrega, los jugadores se dejaban el alma en el encuentro y además si había algún problema con el árbitro, ningún jugador se dirigía al árbitro, lo hacía yo como capitán", destaca.
Con 38 años cuelga las botas, aunque un año antes ya recibió un partido homenaje en La Rosaleda, en el que el Málaga jugó con el Sarajevo. Al retirarse, tenía una oferta por tres temporadas con el Mallorca. Todavía seguiría unido al club de ayudante de entrenadores como Kalmar o Viberti, "aunque al Málaga no le cobré un duro". Arias continúa viviendo la actualidad de su club, pero confiesa que no va a La Rosaleda "porque sufro mucho y más en los últimos partidos", aunque confía en que el Málaga terminará ascendiendo. "Todo depende de lo que haga aquí". Vecino del Palo y poseedor de la medalla al mérito deportivo, hay otra faceta del ex capitán malaguista que sólo conocen algunos asilos de ancianos y colegios: una callada labor social.

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