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A lo Indurain
La gran victoria de Contador en el Giro, al estilo del navarro, siendo el m

02/06/2008.

Alberto Contador exhibe su gesto favorito, el golpe en el corazón, el disparo certero con la mano derecha, cuando cruza la meta del abarrotado corso Venezia, en la zona más pija de Milán, y se oye una voz. "¡Otro Indurain, no, por favor!", grita Giancarlo Ferretti, el viejo director italiano. Ya es oficial: Contador ha ganado el Giro 2008. Salió con 4 segundos de ventaja sobre el rebelde Riccardo Riccò y lo cerró con casi 2 minutos después de la contrarreloj.

"¡Otro Indurain, no, por favor!". Lo vocea Ferretti a su estilo, entre irónico, admirativo y con rabia. Lo vocea y no se sabe exactamente por qué: porque Contador ha ganado el Giro con el estilo económico del navarro, midiendo los tiempos, gestionando sus escasas rentas como un ahorrador compulsivo, o porque, dada la edad del chico de Pinto, 25 años sólo, dada su clase y dado su ya poblado historial -un Tour y un Giro, uno detrás de otro-, se teme el hombre un dominio largo y abrumador como el que ejerció Indurain sobre el ciclismo mundial en la primera mitad de los años 90, cuando el Tour parecía disputarse bajo el lema del infierno de Dante: que abandone toda esperanza quien aquí entre. "Me gusta Contador, me gusta mucho", precisa Ferretti, sabio del ciclismo que corrió con Gimondi contra Anquetil, el modelo de Indurain, y dirigió sobre todo equipos de clásicas; "lo único que puedo criticar es que no ganara ninguna etapa".

Acabáramos.

La grandeza que se le quiso negar a Indurain, quien, obligado por su gran tamaño físico -1,88 metros, 80 kilos- y sus grandes cualidades de rodador, supo convertirse en el más regular durante cinco años manejando Tours y Giros desde la ventaja conseguida en las contrarreloj, se le intenta hurtar a Contador, que ha sido capaz de ganar el Giro espectacularmente sin ser el mejor en ningún terreno, siendo el más regular en todos. O, como dijo más a lo bruto Riccò, el insatisfecho segundo que busca en la rabia fuerzas con las que motivarse frente a la adversidad: "Lo siento, pero no ha ganado el mejor".

Y el propio Contador se muestra tocado por este reproche. Cuando se le comenta, en tono admirativo, que él, un atacante, un amante del espectáculo, ha sido capaz de ganar a lo Anquetil, a lo Indurain, lo que le convierte en un ciclista mejor, más completo, con mayor arco de registros, responde picado, a la defensiva. "Pero no lo he hecho así por gusto", dice; "todos los que me conocen saben que me gusta atacar, dar espectáculo. Pero no hay que olvidar que llegué al Giro de improviso, sin preparación, sin conocer ni un puerto. También he mejorado mucho contrarreloj".

"El 2 de mayo, ocho días antes del comienzo, cuando Bruyneel le dijo que tenía que correr el Giro, estábamos en la playa, en Chiclana", proclama Macarena, su chica, que exhibe en su apoyo una factura de un hotel de la localidad gaditana. "Y, en los 15 días anteriores al Giro, Alberto no hizo ni 600 kilómetros, una cifra ridícula para un profesional", dice Johan Bruyneel, el director del Astana, a quien las circunstancias obligaron a forzar a Contador a correr una carrera para la que no estaba preparado y que acabó ganando.

Monte a monte en el avispero italiano. En la primera llegada en alto, la de Pescoconstanzo, donde le atacó la alergia y el dolor en un brazo roto, se ganó las iras de Riccò por no colaborar con él y Di Luca, que se habían puesto de acuerdo para hundir a Simoni. Contador cede 6 segundos. En el siguiente, en Alpe de Pampeago, Contador está tentado de tirar la toalla. "Fue mi peor día, cogí frío en el descenso del Manghen y lo pasé fatal, me puse malísimo", dice Contador, quien cedió 36 segundos a Riccò, pero, pese a todo, se mantuvo por delante de su rival más duro en la general gracias al 1m 56s en que lo aventajó en la primera contrarreloj, la de Urbino, que terminó segundo, tras Bruseghin; "pero, al día siguiente, en la Marmolada, todo cambió. Ese día ya supe que podía ganar el Giro".

Y, aunque haya tenido que actuar a la Indurain, ahora está feliz. Ha ganado el Giro -sólo el navarro antes que él fue capaz de enlazar Tour y Giro-. No correrá el Tour por castigo de la organización a su equipo, pero gracias a ello correrá la Vuelta. Y en septiembre podrá cerrar "una temporada mágica". Si gana la ronda española, se convertirá en el quinto ciclista en la historia que consigue el grand slam (Tour-Giro-Vuelta) tras Jacques Anquetil, Felice Gimondi, Eddy Merckx y Bernard Hinault. Y a los 25 años, una edad en la que sólo Gimondi lo había logrado. "Pero, aunque no lo consiga, ya puedo decir que ha sido mejor ganar mi primer Giro que mi segundo Tour", proclama.

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