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Flamenco con tres

28/07/2008.

Son de la Frontera convierte el eco de Morón de la Frontera en sinónimo de vanguardia y premios internacionales

Esta es la historia de cómo un tres cubano viajó desde La Habana, envuelto en las ropas de la cantante Martirio, para encontrarse con el toque, el cante y el baile de Morón de la Frontera, al sur de Sevilla. Y de cómo de su encuentro surgió un grupo flamenco, Son de la Frontera, y una música que se lleva todos los premios allá donde viaja. Y viaja mucho: Son de la Frontera ha recorrido Estados Unidos, Suramérica, Europa y, por supuesto, España. El próximo día 30 sus cinco integrantes recogerán en Londres el premio que les ha concedido la BBC como mejor grupo europeo de músicas del mundo. Y lo colocarán junto a los otros galardones que han ido recogiendo con sus dos trabajos: Son de la Frontera (2004) y Cal (2006). Este último, que tomó forma en los hornos de cal de Morón, fue nominado al Grammy Latino como mejor álbum de flamenco el año pasado. De ellos dice Jackson Browne que son lo mejor que ha escuchado en los últimos tiempos. Los vecinos de Morón de la Frontera dicen lo mismo, pero de otra manera: "¡De puta madre!". Y también: "Gracias por llevar el nombre de este pueblo por el mundo con esa vergüenza y educación tan grandes".

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"En esos ratos, sin focos ni representantes, está el flamenco insobornable", cuenta el bailaor Pepe Torres

Pero para contar esta historia, lo mejor es dejar hablar a los protagonistas: "Mi tres cubano y flamenco viajó desde La Habana a Sevilla a finales de 1997 de la mano de mi mama, Martirio, la que mejor tiende puentes, quien fue invitada por el gran Compay Segundo a celebrar sus 90 años con un concierto en el Teatro Nacional. Para ese viaje le pedí que me trajera un tres que se quisiera venir conmigo a Morón y a nuestra tierra musical flamenca, confiando en una idea, pequeña pero fértil como una semilla, que ya sonaba en mi cabeza", cuenta Raúl Rodríguez (Sevilla, 1974). La idea de Raúl había surgido al calor de muchas noches de fiesta con sus amigos de Morón de la Frontera, ese lugar entre Cádiz y Sevilla donde vivió Diego del Gastor, un guitarrista enduendado a quien la cantaora Fernanda de Utrera definía así: "¡Viva Dios y Diego del Gastor!".

En Morón, donde la virgen fue nombrada recientemente alcaldesa honoraria en un pleno municipal, suceden cosas extraordinarias: allí resonó el toque legendario de Diego del Gastor y allí entablaron amistad Raúl, Paco, Pepe, Moi y Manuel. Sin embargo, no fue en Morón donde nació Son de la Frontera. La idea surgió en la habitación de un hotel de Medellín (Colombia), mientras ellos acompañaban a Martirio en una de sus giras en 2002. Un hotel, que es un lugar de tránsito, es una buena metáfora para un grupo que lleva su música a todos los rincones, igual que se llevaba la cal y se transmitían los cantes antiguamente.

Pero antes de llegar a Medellín, los cinco músicos habían pasado muchas noches en Morón: en el Castillo, en el bar de Perete, en la Goleta, en Puerto Pescado... Iban allí a escuchar, a tocar, a cantar y a bailar. A empaparse de ese eco que "se reconoce hasta en Japón". "Durante 15 años nos hemos juntado para disfrutar con el arte. En esos ratos, sin focos ni representantes, está el flamenco insobornable", cuenta el bailaor Pepe Torres (Sevilla, 1978), que es sobrino nieto de Diego del Gastor, un apasionado del flamenco clásico y creador de un baile que arranca aplausos encendidos a quien lo ve.

No había, por tanto, focos ni representantes el día que apareció Raúl con el tres y Paco de Amparo cogió su guitarra. Paco (Morón, 1969) había aprendido a tocar de niño en las fiestas de su casa. "El sonido de Diego es irrepetible, pero yo he heredado su escuela, su forma de tocar y de transmitir". El eco de Diego del Gastor, su tío abuelo, se unió al rico sabor caribeño del tres, mientras Paco y Raúl adaptaban el arsenal de falsetas de Diego: sus potentes armas de creación masiva. A partir de ahí surgió su propio mundo: sonidos encelados que se buscan y se separan y vuelven a unirse, incapaces ya de estar el uno sin el otro. La idea que había tenido Raúl cuando le pidió un tres a su madre empezaba a dar frutos.

Fundamental en ese nuevo mundo sonoro es el compás de Morón, que resuena en los pies bailaores de Pepe, en la voz de Moi (Morón, 1977), de timbre antiguo y apasionado, y en las palmas sabias de Manuel Flores (Morón, 1969), que estudió Magisterio en la universidad y se doctoró maestro palmero cum laude en esa otra universidad que es el flamenco. "Yo aporto compás, ritmo y base con las palmas, los pies y el jaleo. Y, al final, propició la relajación con un baile tal como bailaban en las fiestas de mi casa. Así sólo bailo yo", cuenta Manuel. Toma la palabra Moi: "Yo aporto uno de los pilares del flamenco, que es el cante. Pero, sobre todo, entrego mucho cariño: no paro de mirar a mis compañeros, les sonrío. Aporto mucho corazón".

Al ritmo que marca el diálogo entre el tres cubano y la guitarra flamenca, los cinco músicos conjugan los temas clásicos -transmitidos de casa en casa- con composiciones propias. "En el primer disco, Son de la Frontera, le hicimos un homenaje a Diego del Gastor. En el segundo, Cal, hemos volcado más de nuestra propia música. Y, probablemente, en el siguiente no hagamos nada de Diego y rescatemos temas de Sabicas, de Niño Ricardo, de Montoya... Siempre junto a aportaciones nuestras", cuenta Paco.

En Son de la Frontera todos se compenetran tan bien que suenan como un solo ser, una criatura colectiva con la voz de Moi, las palmas de Manuel, los pies de Pepe y los huesos que dibujan el tres de Raúl y la guitarra de Paco. "Y la música que hacemos es la piel", concluye Manuel.

Se quieren fronterizos y eso significa no pertenecer a ningún lado, pero sí a todos. Ellos son la prueba de que las fronteras son permeables, por sofisticados que sean los sistemas de vigilancia para blindarlas. Su sonido, que aúna lo antiguo y lo nuevo, demuestra que tampoco el tiempo es barrera, sino puente, como explica Pepe: "No hay nada antiguo ni moderno, sino cosas con corazón o sin corazón". Raúl asiente: "La frontera del tiempo es abstracta en la música: lo nuevo encierra la tradición y la tradición fue nueva en su tiempo. Si somos nuevos no es porque hayamos inventado algo que no existía, sino por la conjunción de lo que somos, por lo que aportamos cada uno".

El grupo tiene un magnífico y apasionado directo. Hace unos meses, Martirio, sentada entre los espectadores de un teatro madrileño, les jaleaba entusiasmada mientras el público escuchaba hipnotizado el compás de Morón filtrado a través de la creatividad de sus músicos en bulerías, alegrías, tanguillos... Durante el concierto Raúl besó el tres, el mismo al que había dado el visto bueno el gran Barbarito Torres tras tentarlo en la plaza de la Catedral habanera. "Mi felicidad más grande sería que el tres hubiera llegado al flamenco para quedarse, y que nuestro son fuera semilla para nuevos sones", confiesa Raúl. "Hace 200 años trabajaban muchos campesinos andaluces en el campo cubano. El tres fue creado a partir de las guitarras y laúdes españoles y me gusta pensar que vuelve para sembrarse en la tierra de sus músicas madres".

Decía el escritor Carlos Lencero que el flamenco es una forma de envarar la vida, con sus alegrías y sus tristezas. Hasta ahora las varas de Son de la Frontera son todas de alegría. Ahí andan ellos, encalando el mundo al compás de Morón. El próximo miércoles actuarán en el Royal Albert Hall, en Londres, y recogerán el premio que les ha concedido la BBC como mejor grupo europeo de músicas del mundo. Luego seguirán por Cádiz, Madrid y Sevilla y en otoño presentarán en la Bienal su nuevo espectáculo: "Como son, son". Si pueden, no se los pierdan.

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