Cada niño es un milagro
que acaba de deslumbrarnos
por no acabar de creernos que,
tan pequeño, ya es capaz de hacer
la carioca.
Cada niño es un milagro,
apenas una sorpresa detrás de otra,
en la mirada limpia y resplandeciente
bajo la canícula de besos que quieren
llegar más lejos que sus manitas
de terciopelo.
Cada niño es un milagro
que puede necesitarnos tanto,
como si fuera a ser el dueño
de su propio destino,
tan feliz, cuando sabe que no está solo
y puede llegar a atreverse a todo,
tan seguro.
Cada niño es un milagro
que anuncia la vida
que logre abrazar,
con sus fuerzas reunidas,
cuando ya no es capaz de volver
a tener miedo, el niño, cada niño
que acaba de sorprendernos tanto
como si de un milagro se tratara.
Cada hijo, cada nieto,
cada niños en cada rincón del mundo
es y son milagros que solo
pueden llegar a esperar algo más
de nosotros, tal vez como si nosotros
fuéramos a no
defraudaros.
Torre del Mar febrero – 2.015