CARTA DE DESPEDIDA A ASCENSION

Mujer menuda y delgada, más bien baja, de piel blanca de la meseta salmantina, andabas con mucha desenvoltura por las calles de El Palo, encontrándote en cualquier acto de carácter social, político, cultural o religioso, que en el mismo se celebrara.
 
De trato fácil, parlanchina, dotada de una risa y sonrisa permanentes, alegre y cascabelera, te acercabas a los vecinos del barrio sin ningún tipo de complejos, y hablabas, opinabas o discutías con absoluta libertad.
 
Vivías en Calle Mar, en la planta primera del bloque donde estaba la tienda de Vivas Hermanos, frente a Las Viviendas Protegidas. Vivías compartiendo el piso con Noli, y abriendo las puertas de tu casa a todo el que lo necesitaba. Por allí pasaron, como en las canciones de Sabinas, curas obreros, curas sindicalistas, solitarios, pobres, necesitados de cariño, sindicalistas clandestinos, refugiados políticos, monjas, parejas que se querrían sin haberse casado, parejas que se casaron del modo mas heterodoxo, obispos, ateos, creyentes, laicos, locos bajitos, Mari, Mariana, Amador, Miguel León, Paco, Blanca, Rogelio, Miguel Castro….. Allí, en un salón de 17 m2 metiste a la humanidad entera.
 
Tu compromiso constante, han sido siempre las personas, las personas mas necesitadas, en el marco de las mejores doctrinas que propugnan el respeto entre todos los hombres, la justicia social,  la solidaridad y el AMOR con mayúsculas. CRISTIANISMO, MARXISMO O SOCIALISMO. Se podía también decir que eras una incansable ACTIVISTA, INCONFORMISTA Y LUCHADORA. Hacías las más crudas denuncias sin perder tu sonrisa, y sin perder en ningún caso el amor por el que denunciabas. Sin cortarte un pelo, sin chillar, o chillando, pero sin callar.
 
D, Juan el cura, te ayudó a buscar un empleo en CEREGUMIL. Y allí trabajaste como obrera, sin poder evitar el poner el dedo en todo lo que te parecía injusto.
 
 Parada, prejubilada, con muy escasa pensión, tampoco te detuviste y no dejaste de compartir a mano llenas todo lo que tenías: tu dinero, tu casa, tu tiempo, tu vida y tu seguridad.
 
Te he visto repartir panfletos en la Dictadura, correr delante de los grises, estar amenazada por los niñatos Ultras, dar mantas en las inundaciones del Palo, visitar a detenidos, luchar en el sindicato, asistir a todas las manifestaciones que se convocaran, trabajar en actos culturales, reivindicar el Parque Lagarillo,  denunciar a especuladores, increpar públicamente a Alcaldes y Concejales, convocar al personal de la Playa, Las Cuevas y las Protegidas a unirse para defender sus derechos, plantar árboles, asistir a reuniones de urbanismo, de la constitución, de partidos políticos…
 
Y siempre dando todo lo que tenias.
 
Pegué un respingo el día que me dijiste que eras monja. Que a tí la rigidez de un Convento cerrado de Castilla te ahogaba, y que tu Superiora, imagino que acosada por tu inconformismo, te mandó a Málaga…. A FUNDAR.
 
Y claro que FUNDASTE. Fundaste el mayor espacio de amor al prójimo. El mayor espacio de respeto, de compromiso, de esperanza, de caridad, de denuncia, de lucha y de libertad, que yo jamás he conocido.
 
Pasaste largos años junto al cura Miguel León, nuestro maestro, y en la Asociación de Vecinos de El Palo, donde tus compañeros te pidieron en un tiempo que ejercieras de Vicepresidenta. Y como tratándose de dar a nada decías que nó, …. Pues como si te hubieran pedido que dieras tu vida por los más necesitados de El Palo.
 
Ya muy menudita, de mayor, superaste un infarto. Hablabas con dificultad, pero tampoco callaste. Y años después te visitó el Alzheimer que se fue quedando contigo entera distanciándote de los que conocías en la fragilidad de una memoria y una vida que se acercaban a su final.
 
Nunca olvidaré nuestro último encuentro, en el que no me reconociste, a pesar de los muchos días compartidos, pero SABIAS que entre los DOS había un cariño muy estrecho. Nunca me han dicho tanto, sin ninguna palabra.
 
Sé que vuelves al Palo. Que quieres quedarte con nosotros. Que has pedido que tus cenizas viajen desde Salamanca a nuestro barrio para alimentar nuevas savias en el Monte San Antón. Descansarás junto a otra persona única como tú, junto a Antonio Román.
 
Adiós Ascensión, hasta que volvamos a vernos, en ese lugar donde nos encontramos todos, ricos y pobres. Has sido mi segunda madre, mi primer ejemplo a seguir y uno de los grandes amores de mi vida.
 
En nombre de todos los que te hemos conocido:
 
           ¡HASTA SIEMPRE COMPAÑERA!
 
 
                                                      Juan Jesús Martín