en donde se observa una clara voluntad de exterminio, con unos medios técnicos absolutamente desproporcionados, hacia una población a merced de su verdugo: el gobierno del Estado de Israel. Asistimos por televisión a la caza de palestinos previamente etiquetados con expresiones sonoras como “terroristas”, “islamistas”, “fanáticos”, etc. para justificar otros sonidos: el de las bombas y las balas. Pero asistimos a la matanza como si de un partido de fútbol se tratara. De hecho las empresas mediáticas tienen especial interés en mostrar las imágenes del “espectáculo” a la hora de comer o de cenar por aquello del sofá, la cervecita y las máximas audiencias. La materia prima: niños destrozados, madres desesperadas, padres enloquecidos ante tanta barbarie. Una premonición: este episodio en el conflicto palestino-israelí justificará acciones de venganza de varias generaciones, lamentablemente; porque, será difícil que lleguen a eliminar al último hombre y mujer habitante de Gaza o sus semillas (los niños y niñas).
¿Qué hacer además de escribir algunas letras para los periódicos que mitiguen el dolor de nuestras conciencias como occidentales?,¿exigir a la ONU reacciones no verbales?, ¿pedir a nuestros gobiernos que declaren el cese de relaciones con Israel?, ¿abandonar nuestros trabajos y familias e intentar echar una mano siquiera como miembro de una ONG humanitaria?, ¿colaborar con cuentas abiertas para paliar las penurias de esas personas acorraladas y desesperadas? No sé dónde está la solución; pero lo que parece evidente es que no es la hora de las palabras, sino de las acciones.
(1) Citado por Carlos Hernández Pezzi en su artículo, “Gobernar la crisis”, El País, 02-01-2009
Fuente: Antonio Caparros Vida