FRANCISCO HARO LAGUNA, MAESTRO

Francisco Haro Laguna llegó a la vida el 16 de noviembre de 1921, criándose en el seno de una familia trabajadora, sencilla y humilde. Sus  abuelos paternos fueron Francisco Haro Rueda y Concepción González Palacio y por parte materna José Laguna Ramírez y Teresa Santana Cruz.

Los abuelos paternos eran oriundos de Nerja y se dedicaron en la barriada de El Palo a la venta de frutas y verduras. Los maternos habitaron en los alrededores de la finca de la Concepción de Málaga y se dedicaron a labores campestres.

El pequeño Paquito, diminutivo que le acompañaría toda su vida, comenzó los primeros pasos estudiantiles en el colegio de don Ramón Manzanares, que no era maestro, pero tenía cierta cultura que le permitió organizar un colegio de niños pequeños en la calle Real.

Más adelante, los padres, que siempre desearon darle la mejor formación, lo matricularon en el colegio de Don Benedicto, capitán jubilado de la Guardia Civil y hombre muy culto. Tras continuar la vida estudiantil en varios centros más, ingresó en el  gratuito que los Jesuitas tenían entrando por la llamada Puerta de los Carros.

Después de aprobar Ingreso, realizó cuatro años de Bachillerato en San Estanislao que, en aquellos años de 1932 al 35, dependía del Instituto de Málaga.

Vivió el gran cambio que el barrio experimentó, entre ellos el de la carretera de Almería, que por entonces se denominaba de Vélez. Era terriza y en los laterales tenía unas acequias separadas por unos pequeños muros de las aceras que, recogían tanto las aguas de lluvia como los cubos de suciedad de las casas cercanas.

Cunetas que serían eliminadas sobre 1926 al ser  adoquinada la calzada, cuyo transito era muy escaso, usualmente carros tirados por animales y mulos montados camino de los campos, siendo casi todas las casas de una sola planta, ya que  solo había dos que tuviesen un piso.

Francisco Haro nos dejó  escrito la sencillez y cordialidad entre los vecinos, que por entonces: “en las noches de verano sacábamos a nuestras puertas, sillas, hamacas,  o butacas para tomar el fresco de la noche, y mejor aún si unas horas antes se había baldeado o regado la acera para eliminar el calor radiante absorbido durante el día. Recuerdo a mi padre comiendo un gran racimo de uvas moscateles y a mi madre con el delantal lleno de avellanas y garbanzos tostados.”

Toda su vida fue, en el más amplio sentido de la palabra, un romántico soñador,  y dentro de esos sueños de futuro estaba conseguir el título de Maestro de Primeras Enseñanzas, lo que logró en el año 1948, abriendo en octubre de ese mismo año un colegio privado, que llamarían San Pancracio, santo al que se adjudica el título de abogado de la salud y el trabajo.

Tres meses llevaba el colegio abierto, cuando Francisco y Maruja decidieron  fundar una nueva familia, siendo el día  1de enero de 1949 cuando las campanas de la iglesia sonaron a boda, dando por finalizado un noviazgo que duró cinco años. Tras regresar del viaje de bodas, continuaron su labor pedagógica con los niños, los  resultados fueron tan positivos, que les sirvió para tener un medio de vida decoroso y conseguir una excelente fama de buenos enseñantes.

Tratando de afianzar el futuro de ambos, Francisco, hizo oposiciones, aprobándolas sin dificultades, siendo enviado al colegio de El Morche. El curso siguiente continuó dando clases en un nuevo centro: el de Benagalbon, para continuar en Rio Gordo, donde fue corresponsal de Radio Juventud de Málaga.

En 1962 realizó nuevas oposiciones para lograr una plaza en la capital. Al haberlas aprobado dejó Rio Gordo, para comenzar  en el CP “Vázquez Otero”. Años más tarde, en diciembre de 1984, se haría cargo del nuevo colegio público de Playa Virginia, “Miguel Hernández”, de donde y a petición propia pasó al “C.P. Ramón del Valle Inclán”, donde se jubilaría a los 65 años.

Gran aficionado a la pintura, a la que dedicó todo el tiempo que pudo, tuvo la oportunidad de presentar su primera exposición en 1981 en la sala B de la Sociedad de Amigos del País, que resultó todo un éxito. La crítica lo denominó como un pintor con garra, con soltura y extraordinario colorista.

De sus antiguos alumnos recibió numerosos homenajes y la petición al Ayuntamiento de que su nombre fuese dado a una calle o plaza en agradecimiento a los  41 años de docencia. Dicha postulación fue atendida, y  su nombre,  fue dado el día 24 de enero de 2002 a una glorieta ajardinada.

Aquel día, para Francisco Haro Laguna, fue el más feliz de su vida al recibir el homenaje de la gente que le quería, ya que junto a él estaban sus hijos y familiares, vecinos, amigos, antiguos compañeros de estudios y maestros, así como los representantes del Ayuntamiento malagueño.  

Tras el acto,  reunidos  en un cercano restaurante, una de las nietas de D. Francisco, amenizó la velada interpretando una pieza al violonchelo, así como algunos de sus hijos y el propio homenajeado.

A continuación se realizaron dos proyecciones de fotografía sobre su vida y viajes, muy interesantes, terminando el acto con una copa de vino y el reparto de libros, que previamente el autor había dedicado a cada uno de los asistentes.

La dedicatoria del libro que entregó a la Asociación dice así: «Para la Asociación de Vecinos de El Palo, con todo el aprecio que se merece. Francisco Haro».

Esta obra permanece en la biblioteca de la Asociación, a disposición de quien lo quiera consultar.

 Para recuerdo de unos, y admiración de otros, incluimos unas líneas de cómo detalló a su querido barrio:

«… desde el puente de Jaboneros hasta el puente de Gálica, existía a un lado y otro de la carretera de Almería una hilera de casas solamente cortadas por el Carril de la Estación, «el carril del convento» (Calle Luis Taboada actualmente) y las Cuatro Esquinas con sus calles Real – hacia las Cuevas – y calle Mar hacia la costa. Esta última terminaba en un pequeño puente para el paso de ferrocarril y un paso a nivel para peatones, carros u otros vehículos.

Desde el arroyo Jaboneros hasta el Gálica existía una enorme extensión de tierras dedicada a huertas y estaba limitada por las vías del ferrocarril y la fila de casas de la carretera de Almería.»

De su esposa, a la que amó mas allá de la separación física, decía: “Maruja  fue para mí una excelente animadora. Me ponderaba lo que hacía de tal manera que hacía que mi ánimo estuviera predispuesto a la superación.”

Fue  un gran enseñante, además de la persona que a hurtadillas de su  descanso, buscó y rebuscó dentro y fuera del barrio datos, fotografías, historias, y cuanto le pudiese informar de la historia de “su” Palo. Conocimientos, que nunca guardó solo para sí, sino que generosamente aportaba a quienes se lo solicitaban.

Como tantos otros paleños, tuvo circunstancias muy duras en la sociedad que le tocó vivir, manteniendo una orfandad responsable; siendo la  guerra y la larga posguerra  un cúmulo de dificultades que forjaron en él, desde la honestidad, una base firme para sustentar unas recias convicciones y una sólida formación, que fue incrementando poco a poco a lo largo de toda su vida; luego el destino tuvo la deferencia de encaminarlo hacia la educación, profesión para la que estaba especialmente dotado y sabemos que mientras más se enseña, más se aprende.

Fue un ser humano cariñoso, de temperamento amable y entera disponibilidad, su tesón,  templanza y  equilibrio, amén de un sin fin de virtudes imposibles de enumerar, fueron virtudes que no solo desarrolló dentro de su familia, sino que irradió también fuera de ella, porque el colegio era como una prolongación, su segunda familia.

Por eso,  para muchos de sus alumnos fue, y seguirá siendo un ejemplo irreprochable y todo un modelo a seguir. Francisco Haro Laguna, dejó su cuerpo físico en la madrugada del 9 de febrero de 2013.