Hace 44 años acudí a escuchar a un joven que prometía y que se iba convirtiendo en una hermosa y pletórica realidad. Era catalán, se había negado a cantar una canción, “La, la, la” en español para representar a su país, España, en el festival de Eurovisión, sin que muchos de nosotros supiéramos la razón de su empecinamiento.
El joven al que fui a escuchar, en Madrid, al Auditorio de la Casa de Campo, aprovechando que me encontraba en la capital del Reino cumpliendo con la mili de entonces, se llamaba Juan Manuel Serrat, más tarde aprendimos a llamarle Joan Manuel Serrat, y también supimos que había nacido en el Poble Sec, un barrio de la cosmopolita Barcelona, y que en 1.969 había compuesto unas canciones con letra de poemas de Antonio Machado, y que yo lo había estudiado, escuchado y disfrutado mientras estudiaba Preu en Burgos. Y que más tarde, en 1.972, volvió a hacerse cargo de unos poemas, esta vez del “poeta cabrero”, Miguel Hernández, cuando yo ya estudiaba en la Universidad, en Vitoria, y volvió a atraparme el “joven cantante pop”: Joan Manuel Serrat.
Por eso cuando le anunciaron en 1.974, en Madrid, yo acudí a escucharlo … y entonces descubrí al poeta cantante, al animoso joven que con una guitarra y su voz emocionada supo emocionarme ya entonces, hace 44 años … especialmente cuando escuché la tonada y la letra de “Pueblo blanco” con aquellos versos finales que decían : “Pero los muertos están en cautiverio y no nos dejan salir del cementerio” …
Y yo me quedé con la “copla” y a los pocos días corrí a escuchar el disco que ocupaba el repertorio principal de aquel primer concierto escuchando a Joan Manuel Serrat …
Y ayer, 44 años después, en Málaga, a orillas del Mar Mediterráneo, la magia volvió a producirse bajo la noche algodonada de nubes inofensivas, y pude escuchar de nuevo al “viejo” Serrat desgranando los sones y las notas de aquel disco “Mediterráneo” que apareció, que surgió, que llegó para quedarse, de la pluma y la inspiración del joven músico de entonces, en un añoso y desaparecido hotel de La Costa Brava, el nuevo disco parido en 1.971 y que yo escuché por primera vez hace 44 años, y que ayer volví a escucharlo , emocionado, repasando las letras aprendidas, las letras de las diez canciones de aquel trabajo lejano, del trabajo reelaborado, inspirado, cantado, compartido en la noche septembrina … a orillas, cómo no, del Mediterráneo.
Y escuché una vez más aquello: “de que en la piel tengo el sabor amargo del llanto eterno … soy cantor, soy embustero, tengo alma de marinero … y te acercas, y te vas, después de besar mi aldea … porque yo nací en el Mediterráneo”.
Y estreché la emoción de los versos tantas veces repetidos, como si fuera la primera vez, como cuando ya lo escuchábamos en aquel concierto de 1.974.
Y también escuché y tarareé …: “vuela está canción para ti Lucía … perdóname si hoy busco en la arena esa luna llena que araba el mar…”.
Canción de amor sin arabescos hueros, de sentimiento hondo y deseo expresado al trasluz de bellas y delicadas imágenes.
Para luego seguir disfrutando con: “porque nacer y morir es indiferente, de la siega a la siembra …, y si te toca llorar es mejor junto al mar”, y también: “Tío Alberto, cató de todos los vinos, anduvo por mil caminos y atracó de puerto en puerto …”.
“La mujer que yo quiero no necesita bañarse cada noche en agua bendita…”.
“Qué va a ser de ti lejos de casa, nena, qué va a ser de ti…”.
“Y desde ahora vais a verme vagabundear, me iré tras una nube para ser le fiel … no me siento extranjero en ningún lugar”.
“Después el tiempo pasó y te olvidas de aquel barquito de papel …”.
Aunque uno se resista y a menudo vuelvan las imágenes infantiles, de la mano del abuelo, cuando el barquito era una hoja seca que flotaba … camino del estanque de los patos,
Para terminar emocionados que “por la manchega llanura …”, el caballero andante “cargado de amargura, en la playa de marfil, frente al mar …”, de cuando todos quisimos y soñamos convertirnos en caballeros andantes hasta terminar pidiendo …“hazme un sitio en tu montura”.
Y la noche trocó en luz y emoción los arreglos con qué nos regalaron, Serrat y sus músicos cómplices el recuerdo de una vida con la música y la letra que jamás nos ha fallado.
Tras 4 años, volviendo al reencuentro soñado, repetido, amamantado a lo largo de tanto tiempo que ha pasado como … un suspiro.