L A A R C A D I A V A S C A

  • Categoría de la entrada:Opinión

Arnaldo Otegui, la esperanza blanca del abertzalismo vasco, puesto a la vista de los suyos desde la atalaya patriótica que le encumbra, ¡Aitor lo quiera!, arriba, sobre las praderas intangibles de perpetuo verdor y bucólica serenidad, de una soñada Arcadia vasca que no acabará de deslumbrarnos ¿a todos, solo a los iniciados en el txirrintxi ancestral?.

Sabiendo elucubrar diferencias humanas, sociológicas, políticas, de agravios tan aumentados como acumulados, según qué perspectiva haya sucumbido a toda sensibilidad humana, hasta el sacrificio cruento de los enemigos, salvo con los propios del clan, de la tribu, encelados en los ombligos de quienes son reconocidos como abertzales invencibles, hasta el punto de que el dolor ajeno solo haya supuesto un hito menor en la historia del pueblo vasco, pletórico a los pies de sus altos designios.

Con los intérpretes idóneos, profetas, euskalteguis, valedores y héroes inasequibles por el esplendor de la patria vasca, siempre por una Euskalerría de penúltima hora dibujada sobre las elucubraciones de los elegidos, gudaris invencibles, soldados irredentos y redentores contra toda ¿amenaza exterior? .

Desde la reflexión bien montada, ayuna de toda sensibilidad, sabiendo hollar sin tocar el sufrimiento humano, el crimen execrable, la autoestima enlazada a lo alto del pedigrí vasco, como si de un “label” inmejorable se tratara, por la Arcadia soñada, bien razonada, desde la pose de quien sabe explicarlo “absolutamente todo”, amortiguados el dolor y la pena, sobreseída la culpa, todo por la patria vasca . . .

Desde tiempo inmemorial, desde los primigenios vascones, desde sus “alturas de miras”, de cuando ya levantaban piedras para enaltecer su fortaleza, de los unos contra los otros, de arriba a abajo, de su conciencia acendrada de “pueblo elegido”, apacentando sus esencias en los valles verdes, bajo las escarpadas cumbres, al oreo de los aires soberanos de tan noble pueblo.

Victimista hasta la arcada, desde las brumas de un pasado esforzado y rústico, desde las penurias propias de un pasar heroico y anónimo, desde la humildad de su decisión por no rendirse, hasta el tiempo de la oligarca pericia de los paladines que lucharon por su patria, por su tierra hollada por forasteros, por su gente obligada a rendirse ante los sacrificios de quienes solo sabían matar. . . ¡en nombre de la patria vasca!.

Con un rosario de cuerpos destrozados, asesinados, de cuerpos y almas rotas, de seres humanos heridos, reventados por las bombas lapa, descerrajados por el tiro a la nuca hasta lograr un récord ignominioso e insoportable de una cuadrilla de vulgares asesinos, gracias a la complicidad y la cobardía de un pueblo que aún no se ha reconciliado con su responsabilidad “colectiva e individual”.

Por mucho que se reclame por la “normalización del olvido”, porque también los vascos van a necesitar ¿la absolución de su reciente pasado?

Entretanto Arnaldo Otegui postulándose como el aspirante a la “lehendakaritza” . . .como ¡“si no hubiera sido para tanto”!.

Madrid abril – 2.016