Cuando, hoy al filo de los albores del siglo XXI aún el analfabetismo hace estragos, aún hoy en día los sueños siguen haciéndose posibles cada vez que alguien lee un cuento, primero atreviéndose con un cuento corto, un cuento fácil de leer cada día, una historia inventada, imaginada, escrita y leída con emoción . . . para que pronto pueda enfrascarse en una historia más larga, más emocionante, más emotiva. . . quien aún no ha aprendido a leer de corrida
“Cada noche Carmen abre su cuento y vuelve a leer la página por donde se quedó el día anterior. No recuerda el título, aunque sabe que trata de un misterio . . .” porque está aprendiendo a leer, a sus 71 años, y porque nunca pudo ir a la escuela.
Ahora que vuelve a retomarse el colegio en nuestro país, tras las vacaciones de Navidad, el colegio, la escuela de las primeras letras, los niños puestos en fila, con sus sonrisas y sus batitas abotonadas, puesta en entredicho y a la baja la escuela de los pobres, por mucho que nos mintamos y nos acobardemos ante la avalancha que pretende llevarse por delante los magros logros en nuestro ¿flamante? siglo XXI, cuando nadie hace lo suficiente por contagiar a nuestros pequeños de la magia que llegaron a tocar con la punta de sus infantiles ilusiones, los niños de Bañuelos de Bureba, de la misma clase de magia que palpa emocionada, a diario . . .Carmen, en el Centro de Adultos del Polígono Sur, porque en Andalucía aún hoy 256.000 analfabetos mayores de 16 años, que no pueden conocer la magia del misterio que descubre. . . “cada noche Carmen”.
Por “El colegio de los sueños cumplidos” a través del cual y con las gracias en el sentimiento de a carne viva, siempre manteniendo las puertas abiertas, porque la magia y la ventura, el misterio y la ilusión de descubrir mundos nuevos, inexplorables, grandiosos, humanos, han de estar al servicio y al alcance de todos y de todas, porque es un derecho fundamental, inaplazable, irrenunciable, incluso para nuestros mayores, incluso para nuestros pequeños, porque la magia de sentirse humanos soñando, alcanzando, viviendo “los sueños cumplidos” no debería tener precio. . .a ningún coste, por encima de toda responsabilidad de demasiados irresponsables, necios y miserables.
Desde “El colegio de los sueños cumplidos” hasta el imposible que es la lectura reconcentrada en la emoción de la lectora, del lector. Torre del Mar 8 – enero – 2.014