La Pelusa: el barrio olvidado

A veces no es difícil imaginar las causas por las que se convocan las ruedas de prensa. Sobre todo cuando se acude a determinados lugares. Esta mañana ha sido una de esas veces: el escenario, una plazuela en el corazón del barrio de La Pelusa llena de suciedad, rodeada de árboles sin talar, con abundancia de cableado eléctrico por las fachadas y postes, casi sin aceras y con un parcheado en el asfaltado digno de un mago del 'patchwork'. Así recibía esta mañana a los medios y a los vecinos la portavoz municipal socialista María Gámez, que sin embargo acudía con retraso a la cita víctima de una confusión con las calles de la que no es difícil escapar si no se conoce la zona como la palma de una mano. En esencia, la plazuela en cuestión forma parte de la calle bailaora Carmen Amaya, que queda partida en dos por el arroyo Wittenberg: una parte lleva a las nuevas urbanizaciones que han nacido al calor de este barrio histórico, pero de la otra ni el navegador de Google Maps se acuerda.

Con este panorama, y con miles de promesas que "no se cumplen", los vecinos se han rebelado y han convocado esta mañana a los socialistas, con la propia Gámez y la concejala Estefanía Martín Palop, para al menos ejercer su derecho al pataleo.

 

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"Es que nosotros pagamos impuestoscomo todos los demás. Digo yo que también somos ciudadanos de primera ¿no? ". Lo decía calmada, y muy despacio ante las cámaras de televisión, la presidenta de la Asociación de Vecinos de La Pelusa, Inmaculada de la Torre, que junto con la portavoz municipal lamentaba que existe un plan integral de rehabilitación integral del barrio aprobado por unanimidad en un pleno municipal de 2010 y que "no se ha hecho nada". "Sólo microactuaciones porque decían que no había dinero", añadía la presidenta del colectivo, tampoco convencida porque "de lo poco que se ha hecho, hay cosas que se han hecho fatal". A este plan, aún por cumplir, suman otro aprobado en el Área de Movilidad del Ayuntamiento de Málaga para facilitar la accesibilidad de las personas mayores, pero tampoco se ha hecho nada. En este capítulo, la falta de ascensores en cerca de una docena de viviendas donde viven personas de movilidad reducida es una de las necesidades más acuciantes, pero el problema en este caso es de competencia: no es municipal, sino de la Junta, aunque la propia Gámez dio por zanjado el asunto recordando que "tampoco es competencia del Ayuntamiento abrir museos y los abre".

Más allá del juego político, las peticiones del barrio, donde viven 4.000 personas, incluyen el embovedado del arroyo, el soterramiento de los cables, la habilitación de aceras, asfaltado, la poda de los árboles "que un día de estos de viento se nos van a caer encima de las casas" -se quejaba una vecina agarrada a una pancarta improvisada- y limpieza. Pero hasta el momento las reivindicaciones han caído "en saco roto". Así lo admitía visiblemente molesta la vicepresidenta de la asociación de vecinos, Remedios Sánchez, que a modo de resumen pedía un último favor: "Ponme esta frase en la noticia: Toda actuación mejorable es susceptible de ser empeorada". Lo dice por la experiencia de años en su barrio. Pues ahí va