Desde el Centro de Salud no llega la llamada de alarma: no hay suficientes mascarillas. Acuden a la Asociación de Vecinos porque desde su constitución, ha mantenido una estrecha relación de colaboración con un Centro de Salud pionero en innovación y comprometido con la salud del barrio.
Hay que fabricar mascarilla sea como sea y hay que hacerlas llegar prioritariamente, a aquellos pacientes en riesgo y que han de acudir a los centros sanitarios.
Nos dan las instrucciones de cómo confeccionarlas y qué materiales usar. Nos ponernos las pilas y manos a la obra. Encontramos personas habilidosas en costura y con máquinas de coser, unas profesionales, la mayoría no. Les contamos lo que pasa e, inmediatamente aceptan el reto.
Nos organizamos: unos reparten el material a las costureras y les recogen su trabajo ya hecho. Otros se dedican a recibir las llamadas de los pacientes a los que le han avisado desde el Centro de Salud. Se establece un sistema de recogida por cita previa para evitar aglomeraciones en la sede de la Asociación. Otro equipo se ocupa de conseguir los materiales, cortarlos y prepararlos para su confección.
Pronto la cadena, bien engrasada, está funcionando y se empiezan a distribuir a través de la ventana de la planta baja con sus tiras pegadas en el suelo que ayudan a mantener la distancia de seguridad.
Hemos acabado distribuyendo más de 5.000 mascarillas y, a un ritmo ya menor, seguimos haciéndolo. Ya sin la urgencia inicial porque el abastecimiento llegó a las farmacias y supermercados y los precios se hicieron razonables.
Al llevar las mascarillas a las casas de los más mayores y de escasa movilidad, nos encontrábamos con su tremenda alegría de recibir gente del “exterior” y con las necesidades más básicas: “Por favor chiquilla, ¿no podrías hacerme la compra?” Y, cómo no, aquellos que iban solo a repartir mascarillas, se encontraban con situaciones como estas. “El niño de la moto que me ha traído las mascarilla, qué simpático. Y le he pedido que me baje la basura” (De un cuarto piso sin ascensor y, el niño que tiene más de 60 años)
El teléfono de nuestra presidenta no para de sonar, está que echa humo. Recibe llamadas y llamando a todas partes cuando se nos acaba el material. No encontramos gomillas, el “maldito” tejido, el “TNT” (Tejido No Trenzado) se nos acaba. No encontramos TNT ni gomillas por ninguna parte. Las costureras se quedan sin materia prima. Y, encontramos el TNT en distribuidoras de hostelería que venden rollos de 50 m. Lo usan para manteles. Pero es TNT y eso es lo que importa.
El distrito que nos facilitaba las copias de las instrucciones que se entregaban con las mascarillas para el correcto uso.
Todo el mundo al que acudimos se muestra dispuesto. Pero también no llega gente ofreciéndose para lo que haga falta. Aumentamos nuestros equipos de voluntarios y nuestra capacidad de producción y distribución. ¡Esto funciona! Las gomillas nos las consigue Hamed que vacía su stock y el de otros compañeros del gremio sin cobrarnos un céntimo. Pero, no queremos nombrar a nadie, ni nadie quiere protagonismo, nos pide mascarillas para su familia. Pero, eso sí, queremos que se sepa lo que ha ocurrido y cómo ha sucedido, porque es lo justo y porque es motivo de orgullo y alegría para todos.
Tenemos muchas más cosas para contar (algún día lo haremos) de la solidaridad sin limites de todos los voluntarios, nuestras costureras que, aunque estaban cansadas tenían que hacer más de 100 mascarillas semanales para poder atender la demanda. Ese agotamiento que no importaba porque estaban haciendo una labor que era muy necesaria en ese momento. Ha sido una experiencia muy hermosa que ha demostrado cuánta buena gente hay en nuestro barrio. GRACIAS