UN EURO

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Un euro, si uno dispone de otros muchos miles de euros no supone nada y hasta puede pasar desapercibido en un aproximado arqueo de la fortuna que a uno puede sonreírle. Un euro cuando escasean los que llenan el bolsillo ya vale un poco más y se van contando de uno en uno.

            Un euro cuando uno cobra unos, muy pocos, cientos de euros, ya comienza a tener su trascendente importancia como para ir regalándolos buenamente. Un euro cuando uno dispone de miles, de millones. .  .solo sirve para añadir al final que estamos hablando de . . . euros, de tantos y tantos millones . . .de euros.

            Un euro puede suponer comer pan durante una semana y racionándolo, sin excesos y cantar victoria al final por haber logrado medio llenar la barriga.

            Ahora los dechados de sabiduría económica que pululan por ahí han pensado, y así andan sondeando que si sí que si no, en un alarde de sensibilidad ecológica por los pobres árboles de donde se saca, oh casualidad el papel, que podrían arramblar euro a euro a quienes menos tengan y sepan.

            Y así se les ha ocurrido que se podría cobrar un euro añadido a la factura de la luz por utilizar soporte no informático al recibirla, ¡qué antiguos quienes aún necesitan disponer ls factura en papel!, para arañar un montón de euros entre . . .¿los más torpes, indefensos, poco puestos al día?. .  .que han de espabilar si no quieren pagar un euro más por su factura de la luz.

            Y así, euro tras euro, copago tras copago inanes, irán enrareciendo las magras economías de los más expuestos a la rapiña de los más poderosos, por “listos y por corsarios”, hasta que terminen de ahogar a los más desgraciados para que lleguen  a aceptar esa condición, euro a euro, copago  a copago, porque qué es un euro arriba a abajo, cuando uno se imagina a los ciudadanos menos pudientes rascando sus vacíos bolsillos para aportar el óbolo de un euro y un euro y otro euro . . . sin que nadie diga nada, en una mini rabieta con los amigos para que no trascienda . . . por si acaso nos lo ponen peor, cuando un euro y otro euro y otro euros más pueden llegar a suponer un descalabro ecónomo y doméstico inasumible.

            Pero ya se sabe que los predadores nunca tienen bastante, y son capaces de devorar la víctima más débil sin manifestar el mínimo gesto de sensible condescendencia, porque se trata de sobrevivir, unos sobre los otros, un euro de aquí y otro de allí, porque, al cabo unos necesitan mucho para hace de vez en cuando obras de caridad, y otros, el resto, la mayoría han de arreglarse con unos ingresos menguantes y rapiñados hasta la desvergüenza, por ser pobres y desgraciados y susceptibles de acomodarse cada día con menos, y un poco menos más, euro a euro, hasta la servidumbre que asegure la docilidad más arrastrada y devastada.

            Entretenidos por los millonarios en calzonas que corren tras un balón y los bucaneros vestidos de seda y raya diplomática, como para que sepamos que también se puede malvivir con un euro menos cada día, sobre todo si así se preserva la riqueza forestal mundial, en un alarde macabro de humos negro, negrísimo.

            Porque ¿quién se acuerda ya del copago farmacéutico? Pues por eso ya saben a qué juegan los escualos que con tanto fervor pugnan por quitarnos cuántos más euros mejor. Euro a euro . . .

            Torre del Mar 20 – agosto – 2.013